Anonimo escribió "Dijiste-cuando coges mi mano es
Como si entraras en mi- yo dije-ojalá-
Yo, cuando cojo tu mano solo siento que cojo una mano:;
coger ya es otra cosa, por lo menos en Argentina-
Reiste y empezamos a hablar de Buenos Aires
-querido, lo de coger ya son palabras mayores-
-de acuerdo, coger es cosa de mayores
pero que yo sepa ya no estamos jugando con espadas ni muñecas-
Entonces , por qué no bajas tu espada?- dijiste-
Y yo de nuevo ojalá-ojalá que pudiera-
Mi espada, por si no .lo sabes tiene voluntad propia
Aunque no es Excalibur, podrías sacarla si quisieras-
Reiste de nuevo y empezamos a hablar de Merlín
La vieja leyenda de Ricardo y sus caballeros en la mesa camilla
-sólo si tuvieras un Corazón de León lo lograrías-
-pues lo siento, no de León, ni siquiera soy de Valladolid
aunque allí conozco gente-
-Pues aprovechando que el Pisuerga no pasa por Betanzos
Invítame a unas fabes con sidriña-Lo hice
Te llevé a una sidrería que encontramos en un bajo
Donde servían un menú excelentemente barato. Y abundante
Más tarde, en casa, intenté escanciar con botellas diversas
Desde whisky a coñac pasando por pacharán y licor de moras
aparte de cubrirme con un enternecedor ridículo
sólo conseguí una capa de medio centímetro de espontáneo cóctel
corriendo por encima del roído parqué de mi apartamento.
Compadezco a la que tenga que limpiar esto- apuntaste-
- la que tenga que limpiar esto tal vez también se ocupe de otras cosas-
- dije, mirando de soslayo a mi espada aún hambrienta no de sangre
precisamente- Eso lo daba por supuesto es por eso que, de todo corazón dije
compadecerla-
Reí, por no abrirte la cabeza con un pisapapeles
La suerte que tienes es que aún , pese a la edad, controlo mis impulsos
más primarios.Goteaba la luna su leche en las ventanas
Con la ritmica precisión de un gotero pinchado en el brazo de la enferma Tierra.
Y dijiste que te ibas, seguramente a quedar con algún imbécil
que ni sabe endecasílabos y piensa que Proust es futbolista
Pero que , el muy cabrón conoce donde está tu punto G
Tan bien como el botón de la luneta térmica de su Mercedes.
Yo me quedé solo y reflexionando sobre la injusticia
Pero pronto me sobrepuse. Es lo que tenemos los poetas,
que nos pase lo que nos pase y nos den por donde nos den
siempre, cuando llega la noche, nuestra principal y única y verdadera amante,
sabemos estar a la altura y enfrentarla como ella se merece:
Con la frente alta- valga la redundancia- el corazón alegre y la espada
-perdón, la pluma- en la mano.
"