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LA ESPINA DE LA AMAPOLA
Una emocionante historia de intriga en los orígenes del nazismo

137
 [325] EL ESCRITOR EN FIN DE AÑO (Angeliko)

137Anonimo escribió "
Después de veinticinco años animándola, aguantando sus pataletas por los consecutivos fracasos, y mimando a diario el matrimonio para no echarlo a pique, Salvador recibió el premio más inesperado: el abandono. Durante ese tiempo jamás perdió la esperanza, siempre creyó que su esposa se daría cuenta (él no se atrevió a decírselo abiertamente) de que el origen de sus reveses estaba en que lo hacía mal, y que en un momento dado lo haría bien y triunfaría: «Es cuestión de que vayas puliendo el desánimo hasta convertirlo en ánimo. Mientras no te entregues en cuerpo y alma a la Literatura (se guardó de decirle lo de la ele mayúscula), no crearás una obra digna de ser publicada». Tanto insistió, que llegó el momento en que Magdalena consideró que con la mitad de lo que él le decía, sería suficiente. Lo fue: se entregó en cuerpo y no en alma al editor, y a los doce meses de adulterio secreto empezó a publicar. Eso sí, enmendados por la editorial sus muchos errores.

La imaginación de Salvador nutrió de argumentos la voracidad de la pluma de su esposa. Tanto fue así, que en el cuarto de siglo que vivieron juntos los agotó, acabó con todos los temas y quedó su talento a cero. Al mismo tiempo, Magdalena los desaprovechó con su instrumento de escritura empeñado en redactar y no en escribir con arte. Debido a ser tan desprendido, cuando superada la infidelidad pero tocado por ella, se acostumbró a llevar los cuernos, se le presentó un problema: la nube de la sequía velaba su inteligencia. Sin estar anulado por la personalidad de su esposa, y decidido a ser lo que siempre había querido ser, se encontró con que su pozo (de brocal en forma de C con las puntas hacia abajo) estaba seco, y el pozal recordando una U de dos puntos con el que sacar los argumentos, se hallaba en el fondo junto a la carrucha semejando una O de titular con cuerda de letras.

La solución para el nubarrón de su mente (las noches de fin de año las putas suelen estar por las nubes), la pagó Salvador a precio estratosférico. No le importó; de esa forma dejaba de tener importancia el que su cerebro estuviese nublado. Cuando llegó la prostituta a su casa se quitó el abrigo y, sin nada debajo, dando las campanadas en el reloj de la Puerta del Sol de Madrid, se tragó (seis y seis) las doce uvas por sus dos bocas sin dientes. Después de liberarse con dificultad del grano con el que se atragantó (el primero), ante los impensados espectáculo y espectavagina Salvador le dijo a la ramera: «No te andes por las ramas, que el asunto por el que te he contratado es demasiado importante».

No tuvo que explicarle su caso dos veces. La zorra (para la que no existían las uvas verdes), entendió enseguida el deseo de Salvador: «Lo que quieres es que te pormenorice la rareza de alguno de mis clientes más peculiares, para convertirla tú en novela. Eso está hecho; lo haré con la última con la que me he encontrado. Tienes que narrar la historia de un buen escritor anulado por su esposa (que sabiéndose buena, sin saberlo quiere ser mala escritora). Un escribidor que hasta que su mujer no acaba de exprimirlo totalmente de argumentos y lo abandona, no se pone a escribir su primera obra. Ah, no te olvides de que como los suyos los perdió la adúltera sin contrato, para encontrar un buen tema contrata el cornudo a una perdida». Un tanto ido, Salvador no vino a caer en que el tema propuesto por la mujer pública, era el que él estaba viviendo.

Algo loco debido al abandono de su esposa, sin haber ayuntamiento y después de pagar y despedir a la fulana, con la pluma preparada Salvador fue a por lana y salió trasquilado: «Todos los 31 de diciembre haré lo mismo; así tendré argumentos para escribir una novela cada 365 días. Pero… ¿serán suficientes? A mí me gusta escribir despacio, cuidar el lenguaje, el estilo, corregir, tachar, emborronar, rehacer,… No podré acabarla; seguro que no la acabaré a tiempo». Afortunadamente, el desasosiego no le duró mucho al escritor ante el folio en blanco y la mente casi. Enseguida se dio cuenta de que para su primera obra contaba con un plus. El año en el que acababa de entrar era bisiesto.

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INCON el Friday, 04 January a las 17:01:18 (137 Lecturas)