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LA ESPINA DE LA AMAPOLA
Una emocionante historia de intriga en los orígenes del nazismo
 | [325] UNA ULTIMA FELICITACION (Andresniporesas) |
Anonimo escribió "“Una felicitación más de fin de año”, me dije. Recogí el correo del buzón y lo amontoné sobre una silla pues carecía de un interés especial. Cuando tuve un rato de relajación, debió de ser tres días más tarde, abrí la correspondencia. El sobre estaba escrito en letras mayúsculas, mi apellido contenía un error, una letra no era la correcta y a simple vista se había escrito con la mano izquierda. Supuse que era de alguien a quien hacía tiempo que no veía. Es costumbre navideña recuperar afectos, yo lo hago. Cogí el abrecartas y rasgué la parte superior del sobre. Dentro, escritas en el papel, estas palabras: “Te felicito el año 2008 porque será la última felicitación de tu vida”. Lo leí dos o tres veces. Intenté adivinar si era una broma, una inocentada, o una amenaza. Volví a leer la dirección: efectivamente iba dirigido a mí. No llevaba remitente, no había otros indicios. Cogí el sobre y me presenté en Comisaría. El guardia me dijo si quería poner una denuncia. Le expliqué que... Bueno, no pude explicarle mucho porque antes de que comenzara ya me dijo que era perder el tiempo, que una amenaza tan poco consistente carecía de interés policial. “¿Y si toma las huellas dactilares del sobre y de la felicitación?”, repuse con humildad. El policía me respondió que en el mejor de los casos se podía encontrar una huella del obrero de la papelera, otra del vendedor, quizá de la estanquera, otra del que escribió la amenaza, alguna del cartero y varias mías. Es decir, que habría que poner a trabajar a toda la célula policial para, al final, no encontrar nada consistente. Me fui a casa, claro; sé entender cuándo algo es imposible o improbable. Al llegar me senté en el butacón orejero en el que derramo mi cuerpo, unas veces soñoliento otras vivaz, y me entró una tristeza lejana, como un galope de caballos angustiados. Tenía los brazos torpes, la mirada perdida en algún punto de la pared, las piernas apoyadas en el taburete. En mi cabeza sonaban misas de réquiem con una salmodia insistente como el goteo de un grifo mal cerrado en una bodega. Preparé bien la maleta y cogí lo que creí más útil. En el bolsillo izquierdo de la cazadora me puse la libreta de ahorros y las tarjetas. Me senté un una silla ante el ordenador y escribí un mail al dueño del piso comunicándole que a partir del mes siguiente dejaba el piso libre, que dispusiera de él. Se lo remití a su buzón. Bajé al garaje la maleta y las bolsas, cogí la llave del coche y desde unos veinte metros apreté el mando para abrir las puertas. El coche estalló causando un gran destrozo. Salí a la calle, me sacudí el polvo y paré un taxi. -¡Al aeropuerto de Sondica, por favor! (Escrito en París, el 1 de enero de 2008) "
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INCON el Friday, 04 January a las 17:03:50 (136 Lecturas)
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