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LA ESPINA DE LA AMAPOLA
Una emocionante historia de intriga en los orígenes del nazismo
 | [325] LA INDECISION (Cap-Alatriste) |
Anonimo escribió "Eligieron París. Ella siempre quiso conocer París y él soñaba cada día con volver. Fabricarían la nueva vida que siempre anhelaron en el nuevo año que vendría, en la ciudad que mejor representaría el escenario de su amor. Cada uno haría un viaje distinto desde una ciudad distinta y sería allí, en el Arco, bajo la fría noche parisina donde se encontrarían para siempre, antes de que los relojes anunciaran que el año nuevo había llegado. Allí, bajo ese majestuoso escenario, inundados por la simbología del momento y del lugar, comenzaría todo. Él llegó temprano y paseó nervioso. El frío le entumecía las manos dentro de los bolsillos del abrigo. Había olvidado los guantes pero qué importaba eso. Dirigió una mirada al infinito que conformaban las luces iluminando los Campos Elíseos en la noche y lo nubló todo con el vaho de su aliento. Se sintió estremecer y pensó que todo habría tenido sentido por poder vivir aquella escena. París, la noche, el amor. Y el nacimiento de otra vida. Caminó en derredor del arco y fumó un cigarrillo. Sólo uno. Al apagarlo llevó un caramelo a su boca y de soslayo miró el reloj. Menos diez. París estaba desierto, como en un paréntesis del tiempo, apenas pasaban coches y todo era noche y estrellas, zozobra y esperanza. Menos cinco. Cuando observó el reloj en su muñeca izquierda una punzada le dijo en el corazón que tal vez ella no vendría. En el lugar donde ella habitaba, tan lejano a París, todo el mundo sonreía cuando decidía tomar una uva por cada campanada de la medianoche de cada treinta y uno de diciembre. Era esa una de las tantas herencias que le dejó su padre. Puso doce uvas en una copa de cristal y se dirigió a su habitación con una botella de Champán en una mano y la copa en la otra. Cerró la puerta de la habitación. La casa estaba vacía, como siempre. Parecía todo tan sencillo, no había marido, ni hijos, ni familia, ni ataduras. Solo la esperanza e ilusión de resucitar una vida que hacía tiempo había dejado de habitar. Pero también hubo una extraña incertidumbre. Cuando sonaron las campanas del nuevo año, las uvas seguían sobre la mesita de noche. Sintió su soledad y su fracaso. Llevándose la botella de champán a la boca, bebió y también lloró. La esperó hasta las 2 de la mañana. El frío había turbado todos sus sentidos, tenía escarcha en el pelo y temblaba, transido de miedo y de tristeza. El claxon de los coches había dejado de soñar y las gentes parecían estar ya ordenadas cada una en su lugar. Caminó hacia el Louvre y se detuvo en el primer café que encontró abierto. Sobre aquella estrecha mesa fumó y también lloró. Al fondo sonaba Brel, Ne me quitte pas, pero él ni siquiera se dio cuenta. "
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INCON el Friday, 04 January a las 17:06:53 (153 Lecturas)
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