Anonimo escribió "La cabra de los skinheads Regresar a una ciudad que crees conocer, volver a sus calle tantas veces recorridas, solo o en compañía de otros. Volver a través del túnel de los años transcurridos sin tener memoria de los días pasados, porque estos se han ido sin dejar constancia. La ciudad ya no es la misma, ni la gente que la habita, nada está donde estaba porque el tiempo se ha encargado de transformar todo. Y bajas desde la Calle de Atocha hasta el viejo barrio de Lavapiés perdiéndote por sus calles, intentas llegar a la plaza, y buscas el bar aquel donde un matrimonio de apenas treinta años, servían las mejores croquetas de todo Madrid. Y, subes y bajas, y no logras encontrarlo, porque has pasado media docenas de veces antes el, y nada es igual. El matrimonio no es el mismo; él apenas tiene pelos y los pocos que le quedan están encanecido, y su rostro no es el mismo que tu recordabas. A ella, a la mujer, la ves pequeña y enterrada en carnes, y de su nuca ya no prende su maravillosa trenza de vikinga, su rostro está ajado y marchito. Pero hay algo que no ha cambiado, en el mostrado, encima de una barrica de cerveza alemana, había y hay un souvenir gracioso y típico, una cabra Tirolesa. Cuando se servia una pinta de rica cerveza negra, la cabra o en este caso el souvenir de cabra, emitía un largo y recurrente balido. Los presentes volvíamos la cabeza cada vez, mientras llenábamos nuestros estómagos con pinchos; yo, de morcilla, que eran mis preferidos. No entro en el bar, dejo ir mis pasos de regreso sobre el camino andado, y subo hacia la Plaza de Santa Ana, me encuentro con media docena de skinheads. Éstos vestidos con faldas escocesas, y en sus cinturas, un colgajo, sólo que no son sus incipientes prepucios. En relieve, una cabra. Vaya coincidencia, la mañana la tengo encabritada hasta el mismo hueso viejo de mi fémur, que fracturado en mis primeros años locos, cuando era dueño de una clásica Lambreta y, en unos de mis viajes por el alto Guadarrama, hacia la Bola Del Mundo, me fracture ambas piernas. ¿Qué harán estos pardillos del tres al cuarto, - pienso -, vestidos de estas guisas?. Vaya manera de divertirse que tienen ahora los jóvenes. Y prosigo con mi nostálgico paseo hacia la Carrera de San Jerónimo, con el orgullo marchito, porque jamas podré regresar al túnel de mis veinte años. Y, por esos extraños caprichos del destino, esta mañana al elegir camiseta, mi hijo me prestó una de las suyas, una de color negro con la figura de un macho de gran cornamenta y cuernos plateados. Filippa. "
heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (102 Lecturas)
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