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Cumbres Borrascosas

v. 3.0 por Heathcliff

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 EL abrazo de la noche (alejarce)

Anonimo escribió "                            
                               

Lo primero que siento es un choque en mi cabeza y el estallido junto con los gritos y también la frenada del coche y yo que salto, salto en el ruido de la frenada, desprendída en arabescos livianos, como si todo fuera una película en cámara lenta. Algo cruje dentro de mi cabeza. Y me veo a mi misma dando vueltas en el aire y las voces que gritan y dicen las voces gritando. Mirá lo que le hiciste, la mataste. Dicen. Y sorpresivamente comprendo que se refieren a mí. Que sigo dando vueltas en el aire acompañando el sonido musical de los frenos. Maldito, dijo él. Maldito hijo de puta. Repitió él. Y me abraza y me llama y yo estoy acostada en el asfalto frío como si el asfalto frío fuera una cama mullida que me ampara.
Estoy aquí, dije. Pero mi voz se escuchó en los rincones de mi cuerpo y se quedó atrapada en los rincones de mi cuerpo, sin el aire que estaba en el aire que mi voz no tocaba.
Y las lágrimas me salpican y la saliva de tu boca que sale a borbotones, como mi sangre, que se va escurriendo de mi cuerpo.. Un río de saliva, de sangre y de palabras que dicen: Hijo de puta, mirá lo que le hiciste, mirá...
Y apenas después, el sonido de la ambulancia y apúrense. Dice. Otros también dicen. Se está muriendo. Dicen.
Y vi como el cielo se oscurecía y el silencio y el silencio.
Vaivén. Blanco, blanco vaivén. Una luz llega, blanca luz llegando.
Un camino sinuoso. Ceguera iluminada. Una luz blanca. Destellos inútiles van a perderse en la negrura. Blanca luz, blanca. Los ojos cerrados. La luz incendia los párpados. Una línea como un horizonte. Una hendidura, una puerta abierta que deja pasar la luz blanca que titila y otra vez más y muchas veces más, la negritud extendiéndose como una noche larga, una eterna noche. Larga negritud como una noche larga y entonces los relámpagos se filtran por la línea apenas abierta de los párpados, pesados, heridos, crueles.
Una voz, ese sonido es una voz, matizado susurro que me llega en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles. Ahora la voz se arrincona y se mete dentro de otra voz. Las voces se entrelazan y luego se esconden en el vaivén de la noche donde la luz no penetra.
No hay tiempo. Te digo.. No hay más que la nada de un tiempo infinito y en la negritud esos instantes de luz blanca y las voces metiéndose una dentro de otra hasta que se apagan en un sollozo casi mudo, transparente, helado y la negrura vuelve a hundir todo en la nada, en la ceguera profunda y de repente, otra vez la luz.
Cuando la luz aparece, te hablo, te digo que te escucho, que no dejes de escucharme.
Inútilmente te hablo. Se acabó el sonido de mi voz en las palabras.
Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces se meten una dentro de otra y se acercan en matizados susurros que me llegan en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles hasta el destello donde comienza la luz.
Las voces.
Las voces hablan entre si. Y también las voces me hablan.
Dicen mi nombre y yo reconozco mi nombre en sus voces sollozantes.
Lloran las voces que pronuncian  mi nombre, mi nombre es largamente conocido.
¿Cuánto hace que mi nombre se apoya en tus labios para nombrarme?
Algo se sacude en la noche. Yo soy la noche, igual que mi nombre repetido hasta el cansancio, yo soy ese nombre.
Mi boca permanece atrapada en los silencios, la mudez en el espacio es un eco sin sonido que no regresa.
Has dejado de escucharme.
Y ahí están tus manos sobre las mías. Tus manos que frotan las mías infundiéndoles un calor que no llega. El frío es enorme. Yo soy ese frío.
Tus manos son tibias, tus venas gruesas y azules por donde fluye roja la sangre que no calienta mi sangre detenida en un espacio infinito.
Has dejado  de sentirme.
Me habla tu voz. Habla y se detiene en el borde de la palabra y yo siento cómo el agua de tu boca salpica mi cara. Pero tal vez no sea el agua de tu cara la que salpica mi cara, y son tus ojos que están llorándome y son las gotas saladas de tus ojos las que salpican mi cara que está quieta y ausente.
Desde la ventana de ese cuarto se ven las copas de algunos árboles. Decís.
Te gustan esos árboles. Decís.
Las hojas tienen los colores ocres del otoño, es un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez. Decís.
Escuchame. Decís. Dice tu voz que yo reconozco entre todas las voces.
Pero vos no sabés que yo sé de tu voz y que tu recuerdo está intacto dentro mío, como fotografías que se apilan en los rincones de la memoria.
Te escucho y no hay indicio, por más imperceptible que sea, que te lo haga saber. Recuerdo el instante del estallido y los fragmentos de mis pensamientos desperdigados en infinitas partículas doradas. Mis pensamientos eran órbitas que giraban y al tocarse unos con otros producían un nuevo estallido y después la nada. Estoy suspendida en la nada y voy a caer.
Haz dejado de sostenerme.
La tristeza te envuelve y el manto de tristeza que te envuelve resbala por tu cuerpo y tu cuerpo desnudo no tiene consuelo.
Hablás y tu voz retumba en los sótanos de mi cabeza, como en las catacumbas de una iglesia.
¿Cómo será verte nuevamente?
¿Estarás cerca de la ventana de este cuarto donde se ven las copas de algunos árboles y las hojas tienen los colores ocres del otoño?
¿Será realmente un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez?
¿ Cuánto tiempo ha pasado entre lo que fui y lo que soy?
No puedo determinar el tiempo.
No podré determinarlo nunca.
¿Esa traslación de astros a mi alrededor es el tiempo? ¿El tiempo  real? ¿Este tiempo de hoy que no puedo precisar? ¿O aquel otro que va acompañando la cotidiana indiscreción de los relojes?
Ya no veo las finísimas arañas que rodean tus ojos y se detienen con crueldad alrededor de tus ojos.
¿Cómo será verme nuevamente?
Tener un espejo y mirarme hasta poder reconocerme en mis mismos ojos.
¿Y mis labios? ¿Cómo serán mis labios? ¿Tal vez una fina línea apenas esbozada que se pierde en la rígida palidez de mi rostro?
¿Y mi cuerpo? ¿Tan ajeno estará que no se siente que no emite un sonido ni expande color alguno y despedido de sí mismo naufraga demente en aguas heladas?
¡ Ah! ¡ Qué inalcanzable me resulta el ayer! ¿Será porque hoy ha dejado de existir y mañana no estará en ninguna parte?
¿Por qué me retenés? ¿ Por qué no abrís de una vez tus manos y me dejas escapar?
Soy un pájaro. Quiero volar y alejarme de tu voz que retumba en los sótanos de mi cabeza como en las catacumbas de una iglesia.
Volar es escapar de la quietud.
Olvidarse de olvidar.
Reconozco tu voz y tus palabras. Una dicha lejana y desmedida me abrasa por dentro y me quema como un fuego de cristales.
Sucumbo en el sonido de tu voz que me retiene.
A pesar mío me retiene. A pesar mío quiero que me sigas reteniendo.
Pero la quietud no tiene que ver con el vuelo.
Tantas veces tu voz. Tantas veces el vuelo. Tantas veces la máscara blanca y fría colocada sobre mis brazos que no abrazan.
¡Ah! Si el grito pudiera agujerear la noche de tu espera.
¡Ah! Si mis manos aletearan.
¡Ah! Que terrible quietud la de la muerte.
Y nuevamente algo, un salto al vacío, me desplomo en la negrura de la noche infinita que me lleva.
¿ Cuánto tiempo ha pasado desde el primer día?
No sé contar en la oscuridad y mi llanto  a borbotones crece como dentelladas tiradas al aire que no se respira.
Universo pequeño el de mi cuerpo. Ya no puede mi universo pequeño albergarte, porque mi universo ya no me alberga.
Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces que se meten una dentro de la otra y se acercan en matizados murmullos hasta el destello donde comienza la luz.
Muchas voces se entrelazan unas a otras. Esperan.
¿Qué esperan las voces?
Un tiempo real y otro, el mío.
Camino en un tiempo inexistente. Un largo valle de cristales espinados, caminos rosados y el silencio.
Piso con fuerza hacia delante. Adelante la noche está avanzando.
El niño mira hacia abajo desde lo alto de los acantilados. Está mirando el mar. Mira el azul intenso del mar que se desliza hacia la orilla sin prisa y allá en la orilla busca la incesante porosidad amarilla de la arena que lo espera, ebria de sed, para beberlo. Esa inmensa sed de la arena que está mirando el niño.
El niño corre sin detenerse y sus pies escapan sobre los acantilados hacia el aire en vuelo.
El niño se da vuelta y levanta su mano despidiéndose, después se vuelve pájaro y emigra.
Las voces se alzan como una muralla, unas contra otra golpean la muralla.
Yo soy esa muralla.
Desde lejos lo veo irse pegado al cielo. Es un pájaro que tal vez es bello.
Las voces se destemplan y golpean sobre la muralla.
Yo soy la muralla.
¿Por qué me hieren las voces? ¿ Por qué se hunden en mi pequeño universo y se desatan y articulan, dueñas absolutas de mi entrega involuntaria?
¿Qué hacen conmigo?
¿Adónde me llevan?
Mis pensamientos incendian los campos de cristales espinados. Ruge el mar azul. Se incrusta en la arena hasta anegarla y se precipita, más allá, en los confines de los mares, más allá, donde el infierno desprende las mandrágoras y donde el niño ya no es pájaro y donde cae el niño sin remedio en la noche infinita, en la negrura última que lo abraza.
Guardo tu voz y con tu voz los esperanzados gestos cotidianos.
Las luces titilan.
Vaivén.Blanco, blanco vaivén.
La negra noche, noche infinita se acerca.
No golpees tu voz en la mutalla.
Que tu voz me acaricie.
Ha llegado la hora absoluta donde todo se apaga.
Se apaga tu voz.
Yo también me apago.
La noche me abraza.
Yo soy la Noche.
La nada me cerca.
Yo soy la Nada.
 
 "



heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (204 Lecturas)
 
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