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Cumbres Borrascosas

v. 3.0 por Heathcliff

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LA ESPINA DE LA AMAPOLA
Una emocionante historia de intriga en los orígenes del nazismo

Bienvenidos a la web histórica del Tintero Virtual



ESTA ES LA MAYOR COLECCIÓN DE RELATOS DEL MUNDO

Hace más de seis años, un grupo de escritores se reunió en los foros de Terra con el propósito de escribir, entretenerse, mejorar su técnica literaria y compartir vivencias y comentarios.
--------


Así nació el TINTERO VIRTUAL.

El TINTERO VIRTUAL es un concurso semanal een el que los participantes escriben de viernes a miércoles un relato de no más de 4000 caracteres sobre un tema fija de antemano. El jueves, cada uno de los participantes vota a sus relatos preferidos y quien resulta ganador obtiene el privilegio de fijar el tema sobre el que se escribirá la semana siguiente.

En esta web se recogen los primeros 6000 relatos escritos por este grupo.

La web y el dominio son propiedad de el Tintero Virtual.

Los relatos son propiedad de cada autor individual y es su responsasbilidad y derecho registrarlos convenientemente.

Esperamos que disfrutéis de los relatos y nos ayudéis a hacer aún más grande esta colección.

BUSCAR POR CUALQUIER PALABRA EN TODA LA WEB




 La mercancía (fuera de concurso)

Relatos semanalesAnonimo escribió "
 - Aquí dentro puede sacarse la capucha- le dice sentado sobre la cama un hombre de barba sucia.


Kail le da la mano mientras registra visualmente cada rincón del cuarto.


- Lo olvidaba- dice, y con un manotón descubre su cabeza.


- No tema- le calma el tipo-. Aquí no hay modo que den con nosotros.


El recién llegado se acerca a la ventana y sólo ve gente que transita por la vereda vestida como él con sayal gris, capuchón subido y enorme cruz grabada en el pecho.


- ¿Lo trajo?- pregunta siempre mirando afuera.


- Claro.


Kail retuerce sus dedos y mira el reflejo en el vidrio del sujeto buscando en un bolso que sacó de debajo del catre.


- Han estado mucho tiempo en el poder- musita.


- Demasiado- responde el intermediario alargándole una caja pequeña.


Él se da vuelta y con avidez da los pasos necesarios para apoderarse de ella. Saca del interior un lápiz de labios y lo huele.


- Es de frambuesa- afirma complacido.


- No sabe cuánto nos costó dar con uno. Hace más de cien años que están prohibidos.


- Lo sé.


El tipo reposa las manos sobre los muslos y mirándole fijo, le interroga:


- ¿Vale la pena?


- Sí.


- ¿A pesar que cuando pinte los labios de su novia dormida ella despertará y es un hecho que terminará denunciándole?


- Si veo sus labios brillando bajo una luz tenue y logro posar suavemente mis labios en los suyos, sí. Seguro.


El proveedor al verlo colocarse de nuevo la capucha le señala riéndose:


- Está completamente loco, ¿sabía?


Mientras coloca el dinero sobre la colcha, Kail, se oye decir:


- Sólo soy el primero.

"

Enviado por heathcliff el Monday, 04 February a las 10:20:49 (127 Lecturas)
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 [326] LOS VERSOS QUE NO ENTIENDES (Cap_alatriste)

Relatos semanales
El paquete que dejó el cartero no tenía remite alguno. Lo observó curiosa e intrigada antes de abrirlo y es que cualquier situación que difiriese de la rutina que desde hacía años la acompañaba suponía para ella todo un acontecimiento.
 
Cuando lo abrió, lo primero que vio fue aquella foto que casi ya no recordaba. Aquel rostro infantil de veinteañera y el cuerpo acariciado por su inolvidable vestido rojo. Era el verano del 87. En el dorso de la foto encontró un poema de Yeats que sabía de memoria escrito con su inconfundible letra. Fue el último poema que Mario les recitó.
 

 
Estaban a la orilla del mar, con la tenue luz de un fuego improvisado bajo una luna menguante, entre risas y brindis y promesas de futuro. María los abrazaba y bromeaba con ellos:  - sois los hombres de mi vida. No podría vivir sin vosotros. Y después irrumpía en aquellas carcajadas plagadas de vida y de presente. Ellos eran Fernando, su novio, y Mario, el eterno amigo de los dos.
 
Se acurrucó junto a Fernando y pidió a Mario que les recitara sus poemas de amor. Aquella escena no era nueva. Siempre que se reunían, Fernando, Mario y Ella, terminaban de la misma manera. Ella pidiéndole sus poemas, Mario recitándolos y Fernando protestando entre bromas y haciéndose el aburrido aunque en el fondo también le gustara. Dependiendo de la noche, Mario sacaba de su repertorio o se limitaba a sus clásicos: Neruda, Benedetti, González, Yeats, Baudelaire… y Sabines. De entre todos, Sabines era su favorito. Sólo leía poemas de amor y desamor. Así hasta que Fernando decía –aunque no lo sintiera- no aguantar más y entonces solían marcharse a casa. Ya de vuelta y mientras Fernando pasaba la mano por su hombro y Ella agarraba su cintura, se sentía por un momento miserable al pensar cómo le gustaría tener un novio que escribiese poemas, o al menos tuviese la sensibilidad para leerlos, y cómo tal vez en otra vida –o tal vez en ésta- se hubiera enamorado de Mario si lo hubiera conocido en otras circunstancias o no fuese el mejor amigo de Fernando. Aquella noche, Mario terminó la velada con un poema de Yeats. Esta vez, sin que Fernando protestara, se levantó sacudiéndose las palmas de las manos y dijo encontrarse cansado. Se alejó hacia el puerto caminando descalzo, con los zapatos en su mano derecha sobre la arena de aquella solitaria y calmada playa. Fue la última vez que lo vieron.
 

 
Fernando desapareció de su vida unos años más tarde y no quedó mucho de él en su memoria. Recordaba a Mario, sí, en aquellas maravillosas veladas nocturnas que tantas veces compartieron. También pensaba qué habría sido de él y por qué desapareció de aquel modo tan abrupto.
 
Ahora sabía que acababa de morir y que ese era su legado.
 
Lloró volviendo a ver aquellos cientos de cuartillas manuscritas donde estaban todos aquellos versos que él tantas veces recitó. Miles de líneas con las que él trató de decir tanto más de lo que simplemente decían, pero ella no entendió. Lo hacía ahora, demasiado tarde, veinte años después, justo al releer de nuevo – por más que lo sabía de memoria – en el dorso de su foto El vino entra en la boca, aquel poema de Yeats que fue el último que Mario les leyó.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 11:03:22 (125 Lecturas)
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 [326] CORRESPONDENCIA (Vichoff)

Relatos semanales
NINGUNO
De:          Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
Enviado: lunes, 03 de diciembre de 2007, 21:22:23
Para:       Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
Arturo: acabo de mirar el correo y no he recibido nada tuyo. No sé si se debe a algún error de envío o a que te has dejado llevar por tu habitual indolencia y no has hecho los deberes. No sé lo que tú piensas al respecto pero yo creo que si no nos tomamos esto en serio no vamos a ninguna parte.
Matilde.
 
Re: NINGUNO
De:          Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
Enviado: martes, 04 de diciembre de 2007, 02:03:04
Para:       Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
Matilde: no sé lo que piensas tú de esto pero yo tengo claro que lo hago por divertirme. Si voy a encontrar aquí las mismas exigencias que en el resto de mi vida será mejor que sigas tú sola.
Arturo
 
Re: Re: NINGUNO
De:          Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
Enviado: miércoles, 05 de diciembre de 2007, 16:17:18
Para:       Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
 Por Dios, Arturo, eres como un niño. No se trata de exigencias sino de un poco de disciplina, ¿no lo entiendes? Quedamos en hacer el trabajo ateniéndonos a unos plazos, ¿tanto te cuesta cumplirlos? Ayer llegué a casa derrotada, tuve un día durísimo, y me animaba la idea de encontrar lo tuyo para seguir y así concentrarme en ello y olvidarme un poco del resto del mundo. A lo mejor fue por eso por lo que me contrarió especialmente que no hubieras enviado tu parte.
Anda, sé bueno. Por una vez, sorpréndeme cumpliendo como un señor.
Un abrazo.
Matilde
 
MI PARTE
De:          Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
Enviado: miércoles, 04 de diciembre de 2007, 18:019:0420
Para:       Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
 
Yo siempre cumplo (¿cómo puedes dudarlo?) y más si se trata de una mujer.
Aquí la tienes. Espero que te guste y que puedas continuar bien. Yo pondría la gráfica justo a la derecha del texto, mira a ver cómo queda.
Todos tenemos días malos, prenda, pero a ti te sientan especialmente mal: te pones… sulfúrica.
No tengas prisa en contestar, me marcho mañana por la tarde y no vuelvo hasta el domingo. No eres la única que necesita olvidarse de todo.
Un abrazo.
Arturo
 
Re: MI PARTE
De:          Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
Enviado: Domingo, 09 de diciembre de 2007, 22:23:24
Para:       Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
 Muy cumplido, sí, señor.
Espero que hayas disfrutado el puente y que hayas vuelto cargado de energía y dispuesto a trabajar como un loco. Como solo me marché el viernes y el sábado he tenido tiempo de hacer dos capítulos, espero que no te importe. Revísalos, dime qué te parecen.
Un abrazo.
Matilde
PS: ¿Has conseguido olvidarte de todo?
 
Re: Re: MI PARTE
De:          Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
Enviado: domingo, 09 de diciembre de 2007, 23:24:25
Para:       Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
 Eres una máquina. Acabo de leer lo que has mandado y… ¿cómo lo diría?… ¿Diría que te han quedado… redondos? Probablemente ésa sea la palabra, te va como anillo al dedo, Doña Perfecta. No sé si mañana podré hacer algo, tengo mucho trabajo pendiente. Por si acaso, no lo esperes.
Un abrazo.
Arturo
PS: Conseguí olvidarme de… casi todo.
 
 
 
Re: MI PARTE
De:          Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
Enviado: lunes, 10 de diciembre de 2007, 10:11:12
Para:       Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
 No te preocupes, yo también voy a tener una semana frenética, manda cuando puedas. ¿De verdad te gustaron? No es por devolverte el cumplido pero el último que enviaste está muy bien, sobre todo la parte en la que relacionas (tan hábilmente) las variables con los resultados del primer sondeo.
Unos amigos me han invitado a pasar la Nochevieja en la montaña, en una casa rural. Me lo estoy pensando.
Un abrazo.
Matilde.
PS: Ya me contarás de qué “casi” no conseguiste olvidarte.
 
OTRO MÁS
De:          Arturo Martín González (armargon@coldmail.com)
Enviado: martes, 11 de diciembre de 2007, 15:16:17
Para:       Matilde Rivero Martínez (marimar@coldmail.com)
 He hecho este capítulo para intercalarlo entre los dos tuyos, enlazando un poco lo que dices con lo que vendrá más adelante. No sé si interesaría cortar ahora y pasar a la tercera parte. De todas formas… podríamos discutirlo en persona. ¿Quedan plazas libres en esa casa rural?
Un abrazo.
Arturo


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 11:02:08 (124 Lecturas)
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 [326] PLAN B (Flicker)

Relatos semanales
El hombre tenía un trabajo que le daba para vivir bien, mantener una familia y olvidarse de las demás cosas. Para plegar, por ejemplo , su escala de valores , dejarla doblada con los demás sueños en el trastero y dedicar el tiempo libre a sus hobbies, entre los que destacaba el cuidado de  los setos de su jardín.
 
En los últimos tiempos, más que cuidarlos, los recortaba con un primor  declaradamente artístico, vegetalmente caligráfico, de manera que al terminar la tarea quedaban escritas en los setos palabras tales  como VALENTÍA, DIGNIDAD, ORGULLO, DISCIPLINA, MÉRITO...
 
Lucían muy bonitas a la vista aquellas líneas vegetales, y, en cierto modo  aquellas verdes palabras eran su orgullo  , si bien es verdad que algunas veces sus mejores amigos le decían
 
-Mucho escribes tú en los setos. Algún día vas a tener un disgusto.
 
No era un disgusto. Sólo era el cartero.
 
La carta venía del  V2RPSJ ( Vicenegociado Segundo  para el Recorte Politicamentecorrecto de los Setos de Jardín). Venía a decir, en educados términos, que había sido analizado y democráticamente resuelto que el contenido literal de las líneas de sus setos podía resultar ofensivo para ciertas sensibilidades, y que, por su bien y por el de la colectividad .convendría que pusiese fin a aquel clorofílico escándalo.
 
Nuestro hombre no se alarmó en absoluto. Parecía como si se lo estuviera esperando, porque inmediatamente dio inicio a lo que parecía un plan B. Volvió a tomar las tijeras y con  arte inigualable,  en poco más de un fin de semana,  de las líneas de sus setos desaparecieron aquellas palabras tan crudas, siendo sustituidas por otras igualmente validas, pero mucho menos hirientes, como  PROGRESISMO, SOSTENIBILIDAD, CIUDADANÍA, DISCRIMINACIÓN POSITIVA, ESPACIOS DE  ACERCAMIENTO... e incluso se permitió una celebradísima línea en la que se leía ...NO HAY QUE METERSE : ES SU CULTURA.
 
Viendo aquello el pueblo en general florecía en parabienes y la carta que ahora vino del 3HCRPSJ ( Tercer Hipernegociado para Comprobación del Recorte Políticamentecorrecto de los Setos de Jardín) , le felicitaba, le ponía de ciudadano ejemplar para arriba y le auguraba una vida plena y feliz en aquella, la brillante decimoquinta Realidad Megasuperintranatradicional, a la que tanto él como el departamento se enorgullecían en pertenecer.
 
Pudo entonces nuestro hombre sentarse a descansar entre sus setos. Y allí, en la mecedora, entregarse bastantes tardes al segundo de sus hobbies después de la jardinería, que era leer. Así estuvo durante un tiempo leyendo a sus autores y articulistas favoritos , hasta que sus mejores amigos no tuvieron más remedio que decírselo de nuevo.
 
-Mucho lees  tú entre los setos. y ,sobre todo...¡ a quienes lees! Algún día volverás a tener otro disgusto.
 
No era nuestro hombre de esa opinión.  Esta vez no esperaba admoniciones oficiales vía postal. Cada vez que despedía a sus amigos y continuaba leyendo allí, entre las filas de sus setos políticamente correctos, les soltaba la misma frase.
 
-¡Hombre! Tampoco creo que pase nada por leer entre líneas.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 11:00:46 (116 Lecturas)
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 [326] MACHO, PALMADITAS EN LA ESPALDA (Tacirupeca_jaro)

Relatos semanales
En aquella época trabajaba maquetando anuncios de prensa en Antón Martín, la filmoteca quedaba justo enfrente, al otro lado del mercado. Pero a él, el cine no le interesaba lo más mínimo, mucho menos aquellas historias rotundas de parejas ensimismadas, sin duda prefería la cochambre palomitera del barrio, las actrices rubias con las tetas postizas y el color irreal de los ojos de aquel actor, imbécil multimillonario, carnaza de marujas reprimidas y potenciador de la alta clase sin clase, que llenaba las páginas del maravilloso e inmundo papel couché.
La oficina de Plaza España olía a los guisos del restaurante turco de la planta baja, él comía allí casi todos los días porque sabía que aquella carne chamuscada podría tener incluso una procedencia maligna. A veces había bajado al chino del parking pero comprendió que hasta los palillos de madera lavados carecían de interés ecológico.
Cuando la panda de machotes inflaban el pecho arrebatados por el homenaje futbolístico de los lunes, alentaban al Nono a una especie de mística transfiguración. La frase era “qué cojones”. El mequetrefe se daba la vuelta y reía un poco enojado sin saber qué contestarle. Macho, qué cojones.
Ese ambiente sublime se le mostraba como un auténtico prodigio de osadía pero tal vez su padre esperaba algo más, una frustración lujuriosa de verdad.
Publicidad encubierta y vuelta a empezar. El negocio era darse palmaditas en la espalda de buena mañana y como le encantaba madrugar, llegaba en metro dos horas antes para desayunar en la cafetería y observar con dicha al indefenso que engulle café con churros, la obviedad de una ciudad enferma, acojonada por su particular miseria. 
La simbología que insertaba al pie de los faldones nunca había sido descubierta pero estaba escrito. Lo que Nono decía, su verdadera imagen y la consigna de oro que impregnaba el ir y venir del diario gratuito matinal, estaba impreso.
´Nono`, le llamaban sus amigos desde las torres más altas de la ciudad. Y caminaba altivo sobre la alfombra de terciopelo porque allí sí era realmente infeliz.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:59:39 (124 Lecturas)
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 [326] CENA DE EMPRESA (Bienal)

Relatos semanales
Ya se sabe, en Navidades hay que cumplir con el ritual y aunque la empresa haga aguas por todos los costados y el dinero de las pagas extras haya que prorretearlo a lo largo del año “porque no hay liquidez”, no importa, hay que cumplir con la tontería de una cena copiosa en un restaurante de moda que ponen límites tanto al tiempo como al gasto, con un  menú hecho de productos descongelados con picardía, unos vinos cabezones de etiqueta sospechosa y unos licores rellenados en botellas de desecho.
 
Ricardo forma parte de la empresa, no ocupa un lugar importante entre los treinta empleados, pero se distingue por su salero andaluz, su gracia manchega, su imaginación levantina y el color de sus ojos. Ricardo que frisa los treinta años de edad tiene piso propio, coche cómodo, viste a la moda sin exagerar y tiene una labia capaz de tumbar a un camello. De cuando en cuando Ricardo fuma un peta, se pasa una línea por las fosas nasales y es aficionado al whisky con hielo o con soda, depende. Y tiene fama de ligón. De muy ligón.
 
La cena comenzó con unos entrantes a base de croquetas, porciones de queso irreconocible, jamón común, espárragos envueltos en algo, una cucharadita de ensaladilla rusa o polaca, y luego el plato fuerte: troncos de carne de ternera con setas de invierno. Eso decía el camarero, un rumano de pocas palabras y de sonrisa ancha a costa del cual se hicieron más de dos chistes.
 
Corría el vino y las anécdotas. Corría el alcohol y las insinuaciones pícaras. Y la conversación iba en aumento. Poco a poco Ricardo se hizo el protagonista del corrillo. Cualquiera diría que llevaba una semana sin interlocutor y aprovechaba el momento para desembuchar. Petra, que estaba a su lado, se encargaba de que a Ricardo no le faltara vino en la copa. Y Ricardo enfrascado en la conversación y empavonado por la atención de la audiencia, hablaba y hablaba de sus cosas y de las de los demás.
 
Y llegó el momento que tenía que llegar y Ricardo habló de sexo. Primero unos chistecitos picantes, luego alguna aventura amorosa de fin de semana. Y por fin la bomba: ¡hoy hace siete días que estuvo con una que le pegó la gonorrea! Los que lo rodeaban callaron de golpe. Cogieron la copa y bebieron un sorbo para disimular.
 
Unos puestos más allá, Rosa, a quien todos conocían como “la muda”, porque nunca hablaba de sus cosas, se levantó con los ojos llorosos y se fue.
 
“Es lo que tienen las cenas de empresa, que destapan amistades peligrosas”, comentó Juanito con cara de pocos amigos.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:57:55 (164 Lecturas)
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 [326] BICHOS (Escritorcillo)

Relatos semanales
Hibiscos naranjas. Hibiscos amarillos. Formas voluptuosas del placer. Amplias y exuberantes corolas. Afrodisíacos pétalos. Incubos de mirada amarilla y dientes perfectos. Vergajos grandes y largos, entre las matas de hibiscos, autopulsándose. Abuso de anacondas de vidrio. Carne de cohombro, ascidias rojas, dobles búcaros y sifones, carne de pulpo. Curvas y rectas para aguaceros y fornicios, mixtura de sándalo y orquídeas. Torsos de lluvia y luna, para Florencias y Atenas y Romas, hechas de nudibranquio y ansia. Lunas escindidas y esfínteres en vacío, succionantes circunferencias de golosina. Dobles y triples penetraciones impuras. Choque de moluscos y babosas lenguas, en arcángeles de vino y pértiga. Bamboleo de curvaturas espectrales, níveas palomas, mirlos de antracita. Visión de voluptuosidad tangible, fiebre en las estribaciones del espasmo. Orgasmos, muerte, sinalefa, cintura, sexo. Lenta floración de rosas negras, rápida ocupación de territorios de culebras, bocas sin cese, lenguas nunca satisfechas, bocas glotonas, regaliz y fruta, Madagascar y Oslo. Abuso de anacondas amarillas, para vergajos tiesos, o blandas opalescencias de pepinos. Pulcritud para un olor a fuego. Cúrcuma. Selva. Arcángeles y murciélago, fruta violada, sandías para pecado, establo de cerdos, cerdos maravillosos, puercas similitudes de gloria, carne y paliza, orgía. Precipicio en el que las profanaciones se suceden. Riesgo leve de muerte y ofuscada sensación de peligro, junto con lianas de nirvana y guateque. Lucha de cuerpos. Musculatura. Espanto. Bichos. Aceite, corrupción, lepra, gengibre, tocadiscos, muchachos, choza. Carne de sepia, suave piel del toro, ansioso de espada y cuerno. Anfioxo. Bichos. Musculatura. Espanto. Bichos. Buaggggg, asco, buagggggg, placer. ¡¡¡Bichos¡¡¡, ¡¡¡bichos¡¡¡, ¡¡¡¡bichos¡¡¡¡.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:23:30 (121 Lecturas)
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 [326] ULTIMA CARTA (Thinkerbell)

Relatos semanales
Ahí estaba. Escondida entre la maraña de propaganda, traviesa, apareciendo entre las demás como aquellos payasos de muelle que saltan al abrir el regalo en las películas de dibujos animados. ¡Sorpresa!.
No había sorpresa. Llevaba esperando aquella carta desde que la mirada de él le susurró “yo también te amo” por detrás de la mampara de cristal de la Caja. Meses de signos cómplices, semanas de palabras disfrazadas, días de sutiles caricias al intercambiar recibos, noches esperando el alba y la hora de apertura al público del Banco donde él trabaja. Sabía que, en algún momento, él pergeñaría la mejor manera de propiciar un encuentro. Los dos libres del disimulo. Por fin.
Sus piernas, a menudo torpes e hinchadas, subieron las escaleras al ritmo galopante que marcaba su corazón. Necesitaba rasgar aquel sobre, desvelar su contenido, empaparse con sus palabras, rebozarse entera con aquel papel que sus manos habían tocado. Sonrió admirando la brillante estratagema de esconder el mensaje bajo la apariencia insignificante de otra común carta del Banco.
No perdió tiempo en quitarse el abrigo. En el mismo vestíbulo de su diminuto piso arrancó el papel y con la ansiedad percutiendo en sus sienes devoró el texto escrito en cualquier imprenta. No entendió nada. ¿De qué productos financieros hablaba?.
Tomó aire y trató de tranquilizarse. Nada mejor que acogerse a sus rutinas, a su batita de estar en casa, sus zapatillas y su poleo caliente, para recuperar la calma necesaria que le ayudara a desentrañar las claves ocultas del mensaje. Porque estaba claro que su jovencísimo cajero, audaz y prudente, había enmascarado sus palabras para que sólo ella pudiera leerlas. Desconectó el teléfono. Evitar las distracciones, concentrarse, encontrar el hilo para desenredar el misterio.
La despertaron al mismo tiempo una revelación y el relente de la madrugada. ¿Cómo es posible que no se le hubiera ocurrido antes? Había perdido toda la tarde y buena parte de la noche recosiendo palabras a partir de la primera letra de cada línea, o de la tercera a partir de punto, o las que se correspondían con fechas señaladas: su cumpleaños, su jubilación, el día en que abrió la cuenta, la primera vez que él le dijo “Qué guapa estás, Manolita”. Y había encontrado absurdos, paradojas, tonterías. Hasta que en sueños recordó la receta de la tinta invisible. ¡Cómo había sido tan estúpida! Lo había leído cientos de veces en sus novelas de amor. Zumo de limón en lugar de tinta y pasar la plancha caliente para que apareciera, como por arte de magia potagia, el codiciado  mensaje. Le imaginó en los baños de la sucursal, escondido de sus compañeros y jefes, impregnando con sumo cuidado el fino pincel, escribiendo con prolija caligrafía entre las líneas de aquella fría misiva que ahora ella se sabía de memoria y dio gracias a todos los dioses por haberle regalado, a las puertas de la vejez, la pasión y el romanticismo de un hombre con tanta ternura como su jovencísimo cajero.
Pero el calor de la plancha sólo le produjo una nueva decepción y esta vez no pudo reprimir un llanto que la desbordó sin desahogarla. Luchaba contra un cansancio antiguo, hecho del cúmulo de muchas derrotas, y no encontraba báculo donde apoyar las pocas fuerzas que le quedaban para seguir buscando. Sólo la sostenía la convicción de que no podía perder la última oportunidad que la vida le deparaba. Por eso esta vez seguiría escudriñando aquel odioso papel hasta dar con la llave que abriría la puerta de su felicidad. Era de justicia.
 Cuando los bomberos consiguieron entrar en su domicilio, Manolita seguía llorando, rodeada de un puzzle inconcluso de palabras recortadas de cientos de cartas de su entidad bancaria. La voz de alarma la había dado una teleoperadora argentina, preocupada porque una señora mayor no cesaba de llamar a Atención al Cliente preguntando día y noche por su amado, un jovencísimo cajero cuyo nombre desconocía.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:22:30 (126 Lecturas)
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 [326] UNA VALORACION (Asombrillada)

Relatos semanales
El sonido de una sirena suena  por la calle Autonomía. El peso del camión de bomberos se añade al estruendo  que se siente como una mole amenazante cada vez más cercana consiguiendo que los coches se apresuren a apartarse y dejen  vía libre.
 
Hay fuego en la plaza circular donde el  fundador de la villa está de piedra desde hace años. Llegan  efectivos antiincendio y policía, también una ambulancia de la DYA.
 
Una humareda negra sube por la fachada desde el  segundo piso de un edificio de oficinas. La gente se arremolina en la calle tras las cintas amarillas que despliegan ya  los agentes para acotar la zona peligrosa. La mayoría son personas de edad más que suficiente que encuentran entretenimiento en los espectáculos gratuitos  como en cualquier ciudad. Miran todos a lo alto, inocentes, sin sospechar del dolor  tardío que sufrirán en el cuello que hará que acudan a su paciente médico de familia para decirle “Debe de ser el reuma, Doctor” y él les mirará escéptico alzando una ceja.
 
El sargento bombero trepa por la escala desplegada desde el camión mientras varios de sus compañeros acceden al lugar del siniestro por el interior del edificio. Es el primero en ver lo que ocurre allí dentro; Una mujer rubia, de sonrisa torva, agarra por el cuello una botella de vermut casi vacía y en la otra mano sostiene un cigarro humeante. Está de pie y contempla absorta un cuadro; Los Tres Reyes Magos.
 
La escena podría resultarle maravillosa al sargento si no fuera porque hay siete fuegos encendidos alrededor de la estancia y la mujer está a punto de ser engullida por las llamas. Algo la perturba de repente arrancándola de su abstracción. Una rata, salida de no se sabe dónde, huye de las llamas y pasa a medio metro de sus tobillos. Por fin reacciona. Es grande su alteración emocional ahora. Toma conciencia de que  su vida corre peligro, y, despavorida,  se arroja chillando por la ventana donde asoma el hombretón de traje ignífugo y  casco, que la atrapa a tiempo y la recibe contra sí en un choque de energías considerable.
 
-Gracias,  dice ella agarrándosele al cuello arrobada y derramando sus arrobas sobre el sargento que desciende  con ella en brazos por la escala, hinchando pecho en la medida de lo posible para coger aire y no desmayarse, no vaya a quedar el cuerpo -el de bomberos- en ridículo.
 
La gente aplaude, vitorea al héroe, quien aprovecha el barullo para concertar una cita con la agradecida mujer.
 
Los bomberos  animan cómplices al compañero con un guiño porque el idilio durará hasta que a ella le llegue la factura del Ayuntamiento. Y es que hay  quien no valora la importancia de tener un seguro; de incendio cuando no a todo riesgo.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:21:32 (121 Lecturas)
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 [326] EL ESCRITOR LEE ENTRE LÍNEAS (Angeliko)

Relatos semanales
La novela le estaba quedando como él quería. El estado de ánimo de Eustaquio Parde le permitía escribir con fluidez. No tenía que dudar para emplear el lenguaje adecuado, y el estilo lo mantenía sin altibajos de una forma fácil. Acababa de terminar el último capítulo de la primera parte, y nada se interponía entre su pluma y su propósito. El intento difería de los anteriores, en los que había tenido que vaciar la papelera en más de una ocasión. Esta vez no se había acobardado ante la indocilidad de una frase, de una circunstancia o de un personaje. Ni siquiera ante la rebeldía literaria de Lupita Cristal (la promiscua protagonista de su primera obra de género negro) se había achicado Eustaquio Parde.
 
El asesinato (en principio desaparición) de la esposa del presidente del Banco Silla y Respaldo, lo resolvió la detective Lupita Cristal leyendo entre líneas. En una entrevista que concedió a un canal de televisión, el banquero dijo en varias ocasiones y a la vez que se enjugaba alguna lágrima, que siempre que pensaba en Gloria se ponía a llorar. La cosa estaba clara, puesto que era sabida la afición a la horticultura del experto en operaciones sobre dinero: fue él quien mató a su mujer y la enterró en el huerto de la parte de atrás de su chalet, en el pequeño bancal donde después plantó cebollas. El mensaje había sido claro: pensar en la esposa pasada y troceada a cuchillo, hacía llorar; trocear cebollas con dicho instrumento cortante, producía el mismo efecto. Era evidente que el crimen pesaba demasiado en su conciencia. Prueba de ello fue que el banquero confesó a las primeras de cambio.
 
Satisfecho con la primera parte de su novela, Eustaquio Parde dejó para el lunes continuar con la segunda (Lupita Cristal tenía ante sí el reto de resolver el asesinato del presidente del Banco Silla y Respaldo, abatido por un francotirador al salir escoltado de la comisaría para ir a declarar ante el juez). Dedicarle el fin de semana a su esposa era sagrado para él. Cuando se acomodó en el sofá junto a ella, en la televisión local TVoces estaba hablando la mujer del tiempo: «Aunque empezará nublado, el domingo acabará con sol». Ante la buena perspectiva meteorológica, el matrimonio decidió visitar Valencia y dormir el sábado en el mismo hotel en el que lo hicieron hacía quince años.
 
Lo que Eustaquio Parde soñó aquella noche, hizo a sus pelos ponerse de punta: su vecino de rellano (el único del inmueble que vivía en pareja sin casarse) estaba eligiendo cuchillo para matar a su esposa. Después de hacer todo lo posible por disuadirlo con palabras, optó por hacerlo llegando a las manos. Pero no pudo, en ese momento despertó sudoroso y taquicardíaco. Al ver que a su lado, su mujer estaba durmiendo con descanso y quietud, se fue tranquilizando.
 
Como no pudo volver a dormirse, Eustaquio Parde estuvo un rato dándole vueltas al asunto; hasta que encontró el medio con el que sacar algo en claro: leer entre líneas. Enseguida supo que lo soñado era verdad. Se levantó de la cama con sigilo, se puso unos guantes, cogió un cuchillo de cocina y, en pijama y descalzo, salió al descansillo de la escalera y llamó a la puerta de su vecino. A la espera de su compañera (la meteoróloga de TVoces), abrió enseguida y recibió las cuchilladas. Tras comprobar que estaba muerto, murmurando: «Lo siento, Domingo, es la única forma de que no acabes tú con mi esposa», Eustaquio Parde cerró ambas puertas, lavó el cuchillo, lo dejó en su sitio y volvió a meterse en la cama. Sol seguía durmiendo a pierna suelta.


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 [326] LEER ENTRE LINEAS (Bolo_rozfe)

Relatos semanales
- Haztela tú si quieres y no me digas que no sabes hacerla.
- Es que no sé hacerla.

- Venga ya, Ben, comprendo que no sepas hacer un porro, enganchar el papel requiere algo de habilidad pero hacerse una raya, por favor. Sólo hay que saber la diferencia que existe entre línea curva y línea recta.

Ben tomó la bolsita que le tendió críptica y por debajo de la barra Toni. Se la metió en el bolsillo y serpenteando entre el bullicio del pub se dirigió al servicio.
Nunca antes habia utilizado uno para hacerse una raya. Ni habia abierto una bolsita de aquella manera. Tampoco hubiera perdido mucho si se le hubiera caido. El caso es que sentía una especie de miedo de lo que sus manos estaban abriendo. Sus movimientos iban ralentizándose poco a poco hasta tal punto que tuvo que pararse para tomar aliento y aclarar sus ideas -" Coño Ben, que es una puta raya de coca, no te vas a meter heroina- se dijo mientras dejaba la bolsa abierta sobre el poyete del lavabo. La miró ahora y recordó las palabras de su colega Toni "diferencia entre línea recta y curva" y se puso manos a la obra.
Tomó el dni y empezó a trazar con él una línea que constrastaba con el color de su cartera.Iba perfilándola delicadamente cuando un movimiento brusco trastocó uno de los extremos. En el servicio contiguo unas jóvenes derramaban su borrachera entre bromas.

- Afiánzate las tetas Mari- pudo escuchar entre risas alcoholizadas.

Es curioso cómo funciona la mente en determinadas situaciones. Ben volvió a mirar su línea trazada pero ahora sentía que había perdido aquella majestuosidad del momento previo. Quizás fuera la alusión a las tetas lo que había torcido su primer proyecto o el comentario en un principio de su colega o cualquiera sabe. El caso es que Ben volvió a perfilar su línea vertical modificándola ahora tramo a tramo, convirtiéndola en una línea curva. Se echó un poco hacia atrás y la vio en perspectiva. Sobre la cartera, se definía clara una potente C.

Como un niño dedicado a un juego exquisto Ben torcía, añadía más coca de la bolsita, modificaba trazos delicadamente; apareciendo palabras definidas en su cartera con una magia sin igual. De la C de un principio construyó Coca. Le pareció gracioso escribir Coca con coca. Su mente bullía cuando lo leía.
Al final de la noche, Ben metió toda la coca en la bolsita y volvió al lado de su colega con los ojos vidriosos y sin que su tabique nasal hubiera sido golpeado.
-¿Te la has hecho?
-Sí.
-¿Cómo estaba?
-De puta madre.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:19:41 (149 Lecturas)
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 [326] GENUS IRRITABILE VATUM (Andresniporesas)

Relatos semanales
El anillo bulle de gente. A las cinco en punto de la tarde suenan los claros clarines. Por la puerta de chiqueros, noche negra, sale el morlaco; responde al nombre de “Despistado”. Tiene los ojos fríos y sin lágrimas, como el destino. Viste traje negro, abanto, es alto de agujas, veleto y su pelo brilla como un azabache mojado.
 
El maestro lo cita desde lejos y el toro arranca y humilla la cabeza y ciñe la testuz a la faja del torero. La plaza es una tormenta de aplausos. Suenan de nuevo los claros clarines de esa España cañí hecha de olivo y oro. La cuadrilla cuadra al toro ante el picador y el toro rehuye. Embiste desorientado a la cuadrilla, barbea en tablas y busca protegerse en la puerta de chiqueros. Un subalterno recibe un varetazo al ir a tomar el olivo. De la taleguilla del subalterno se vacía un hilo de aserrín.
 
Por la plaza trota el miedo herido de la muerte.
 
-Hay que ponerle banderillas negras –grita un enterao.
 
El pañuelo del Presidente se despliega negro, como el destino de “Despistado”. El subalterno lo deja en suerte y en medio del platillo el espada le clavas las dos banderillas negras que se agitan sobre el morrilo como dos malos presagios. El toro da dos nuevos arreones y cunde el pánico. La plaza suda. El maestro intenta escupir y no puede. Desde el burladero le ofrecen un botijo. Toma un hilo de agua, se enjuaga la boca y la escupe sobre la arena.
 
Coge la muleta. Hace el estatuario y el cornúpeta obedece al engaño. Ahora se echa la muleta a la mano izquierda y le da unos pases de pecho, luego liga unos redondos y unos ayudados por alto acabados con unas manoletinas. El burel es un corderillo ante la sabiduría del espada.
 
La plaza en pie pide la suerte suprema. El maestro cuadra al bicho, hace el volapié, adelanta la muleta y el toro levanta la cerviz y recibir un bajonazo. Un ¡oooh!, de lamentos surge de las gargantas del respetable.
 
Un guardiacivil se ofrece a matarlo a tiros. El albero se llena de almohadillas, gorras y naranjas de protesta. El presidente ordena soltar a los mansos y retirar el toro a corrales.
 
En el callejón esperan al toro los empleados del empresario que restauran su mecanismo, lo embalan y con ayuda de la grúa lo cargan en el camión. Han de aprovechar la noche para hacer un largo recorrido hasta la nueva plaza donde “Despistado” volverá a sembrar de pánico la arena.


Enviado por INCON el Saturday, 26 January a las 10:18:19 (122 Lecturas)
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 Kodak, de María Teresa Andruetto (fuera de concurso)

Relatos semanales
Kodak, de María Teresa Andruetto

Una mujer observa fotos, lenta y delicada. Se trata del álbum de su vida. Cada poema de Kodak es una instantánea y desata la memoria, el presente o el futuro, el viaje por la infancia, la interrogación por el origen y constitución de la propia identidad, la subjetividad reflexiva.

En la escritura femenina es frecuente esta persecución de la historia propia e interna, este modo de sumergirse en el pasado para explicarse a una misma, este trabajo con el yo. Y sin embargo, Kodak hace algo esencialmente diferente.

¿En qué reside ese plus por el cual el libro, al mismo tiempo en que se instala en lo que ya puede considerarse una tradición en la literatura femenina, se aparta para instaurar otra cosa? Es probable que la respuesta pase por una entonación donde se han superado la crispación y el desgarramiento. En el mundo femenino que construye este libro, el dolor, la alegría, el placer, la vida y la muerte, la nostalgia y el proyecto, todo encuentra su lugar. En ese sentido, aunque interroguen cada acontecimiento, cada escena mínima que los inspira, hasta extraerles una médula, se diría un secreto, los poemas de Kodak no formulan preguntas y escapan tanto de la nostalgia masculina por la infancia perdida como del gesto dramático femenino frente a las humillaciones y privaciones de nuestra niñez.

Las escenas contienen preguntas y misterio pero la escritura los acepta sin crispación y sin grandilocuencia, no se retuerce en el dolor, no se revuelve en la rabia y en la reivindicación, ni en la compasión por la niña que se fue, ni por los seres queridos que se perdieron, ni en el clamor inútil ante el dolor. Como un rollo de fotos, como una cámara tantas veces herida por la luz, Kodak no gime, constata dulcemente, incluso si lo que hay para constatar también es la devastación.

Yo miraba,

tras la lente de una Kodak

con la que él sacó fotos de la guerra,

antes que la muerte disolviera

sus pupilas y delegara en mis ojos

el dolor de mirarme desvastada

por la ausencia

De instantánea en instantánea, Kodak desarrolla una teoría de la mirada como herencia, mirada femenina construida sin embargo desde un legado viril (tal vez paterno).

Como un poeta minimalista, Andruetto se detiene en la evocación detallada de lo nimio, pero a diferencia del minimalismo, tan masculino en su vocación sistemática, en su negación de la subjetividad, ella se deja llevar por el saber de los sentimientos, por el capricho y la arbitrariedad de la memoria afectiva, por la fuerza simple y desnuda del simple y desnudo amor.

Es una foto de blanco

y negro, con los bordes ajados,

te diría (causa gracia esa remera
de banlon, sobre los pantalones

nuevos). Tu madre, escondida

). Tu madre, escondida
tras los niños, sostiene todo.

Veo las piernas y la pollera;

es su fuerza lo que miro,

te diría.

Kodak explora vivencias de niña que casi no han tenido representación en la literatura: la mirada del amor entre mujeres, la mirada amante de la niña a la madre, de la niña a la hermana. Ésas apasionadas relaciones que nos constituyen y casi no han sido antes escritas:

explora vivencias de niña que casi no han tenido representación en la literatura: la mirada del amor entre mujeres, la mirada amante de la niña a la madre, de la niña a la hermana. Ésas apasionadas relaciones que nos constituyen y casi no han sido antes escritas:
Te sacaste el vestido, la campera

te sacaste la blusa, las hombreras,

te sacaste el turbante, la remera,

te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,

te miraste al espejo y me miraste

y yo vi tu pecho crudo, las costillas

al aire, y después tu corazón

como una piedra, fuerrte y fatal

como una piedra.

Las mujeres de Kodak, en efecto, están llenas de fuerza, pero no se trata de la fuerza fálica: no supone la impotencia del otro, ni su miedo, no precisa, para ser, mantener al otro en la debilidad. Es la fuerza de la madre, una fuerza que construye, que afirma, que permite el crecimiento del ser más débil. Versión femenina de la autoridad y el poder, versión que tampoco tiene palabras y casi no se concibe en nuestra cultura, aunque también "sostiene todo", porque nos ha sostenido a todos los humanos que poblamos esta tierra.

La madre de Kodak "sostiene todo", y por eso también sostiene la escritura. En "Visita", el poema casi final, el hacer femenino de la hija –es decir su libro- se entrelaza con uno previo y ancestral de la madre ("y dice: "Ayer / hice dulce de duraznos" y yo digo / que hablaron de mi libro / en el diario"). Antes, la voz de la madre anciana ha cumplido la mítica tarea femenina de mantener tibio el hogar, de encender el fuego en la tierra que se habita: "Otra vez yo critiqué / al gobierno y ella dijo otra vez / "Es un país tan grande!". No quiere / que me queje: "¡Este país generoso / recibió a tu padre!" "

Delicado, casi diminuto, extrañamente fuerte en esa apuesta al susurro y lo pequeño, Kodak explora un minimalismo femenino que tolera el hiato, el misterio, la impotencia, el fracaso, la muerte, sin renunciar por eso a la alegría, distribuyendo con serenidad palabras simples y seguras para construir otra poesía de la mirada y la memoria.


Elsa Drucaroff

, de María Teresa Andruetto
te diría (). Tu madre, escondidaexplora vivencias de niña que casi no han tenido representación en la literatura: la mirada del amor entre mujeres, la mirada amante de la niña a la madre, de la niña a la hermana. Ésas apasionadas relaciones que nos constituyen y casi no han sido antes escritas:

Enviado por heathcliff el Friday, 11 January a las 13:41:26 (134 Lecturas)
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 [325] LA INDECISION (Cap-Alatriste)

Relatos semanales
Eligieron París.

Ella siempre quiso conocer París y él soñaba cada día con volver. Fabricarían la nueva vida que siempre anhelaron en el nuevo año que vendría, en la ciudad que mejor representaría el escenario de su amor. Cada uno haría un viaje distinto desde una ciudad distinta y sería allí, en el Arco, bajo la fría noche parisina donde se encontrarían para siempre, antes de que los relojes anunciaran que el año nuevo había llegado. Allí, bajo ese majestuoso escenario, inundados por la simbología del momento y del lugar, comenzaría todo.

Él llegó temprano y paseó nervioso. El frío le entumecía las manos dentro de los bolsillos del abrigo. Había olvidado los guantes pero qué importaba eso. Dirigió una mirada al infinito que conformaban las luces iluminando los Campos Elíseos en la noche y lo nubló todo con el vaho de su aliento. Se sintió estremecer y pensó que todo habría tenido sentido por poder vivir aquella escena. París, la noche, el amor. Y el nacimiento de otra vida. Caminó en derredor del arco y fumó un cigarrillo. Sólo uno. Al apagarlo llevó un caramelo a su boca y de soslayo miró el reloj. Menos diez. París estaba desierto, como en un paréntesis del tiempo, apenas pasaban coches y todo era noche y estrellas, zozobra y esperanza. Menos cinco. Cuando observó el reloj en su muñeca izquierda una punzada le dijo en el corazón que tal vez ella no vendría.

En el lugar donde ella habitaba, tan lejano a París, todo el mundo sonreía cuando decidía tomar una uva por cada campanada de la medianoche de cada treinta y uno de diciembre. Era esa una de las tantas herencias que le dejó su padre. Puso doce uvas en una copa de cristal y se dirigió a su habitación con una botella de Champán en una mano y la copa en la otra. Cerró la puerta de la habitación. La casa estaba vacía, como siempre. Parecía todo tan sencillo, no había marido, ni hijos, ni familia, ni ataduras. Solo la esperanza e ilusión de resucitar una vida que hacía tiempo había dejado de habitar. Pero también hubo una extraña incertidumbre. Cuando sonaron las campanas del nuevo año, las uvas seguían sobre la mesita de noche. Sintió su soledad y su fracaso. Llevándose la botella de champán a la boca, bebió y también lloró.

La esperó hasta las 2 de la mañana. El frío había turbado todos sus sentidos, tenía escarcha en el pelo y temblaba, transido de miedo y de tristeza. El claxon de los coches había dejado de soñar y las gentes parecían estar ya ordenadas cada una en su lugar. Caminó hacia el Louvre y se detuvo en el primer café que encontró abierto. Sobre aquella estrecha mesa fumó y también lloró. Al fondo sonaba Brel, Ne me quitte pas, pero él ni siquiera se dio cuenta.


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 17:06:53 (154 Lecturas)
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 [325] FIN DE AÑO (Chamfort16)

Relatos semanales
El treinta y uno de diciembre, como todos sabemos, es el día que termina el año. Una fecha anhelada y a la vez temida. Este día está en mitad de las vacaciones  navideñas—entre Nochebuena y Reyes, para ser exactos—, está además entre la decepción de todo aquello que nos prometimos hacer el uno de enero y no hemos conseguido y el sueño de poder conseguirlo en el nuevo año que está a punto de comenzar.

Recuerdo por ejemplo, al tipo aquel de la barba—por decir algo, eso más que una barba es un chorreón de hormigas cojas—al que por casualidad escuche comentar con su acompañante, en la entrada del restaurante al que fuimos los compañeros de trabajo las navidades pasadas, que tenía la ilusión de publicar una novela que estaba escribiendo en el próximo año y… ¡Lo ha conseguido! El otro día me encontré con su foto en la contraportada de una novela en la librería de la esquina. ¡Un tipo afortunado que ha cumplido su sueño!

Después está Lola, la vecina de mi hermana. Lleva tres años prometiéndose que deja a su marido porque está harta de aguantarle y cada primero de año la vemos arreglada y compuesta ir con él a felicitarle las fiestas a la suegra con su mejor sonrisa—postiza, claro—He ahí el ejemplo contrario: La decepción.

También  hay alguno que con el fin de año se envalentona con dos copas de más y le tira los tejos a la compañera de trabajo divorciada a ver si “pilla” lo que no ha conseguido en todo un año de veladas insinuaciones.

Luego están los que se prometen que nada más pasar las fiestas se van a poner a régimen y de una vez por todas perderán esos kilos que les sobran, o los que por una vez en trescientos sesenta y cinco días se permiten el lujo de tirar la casa por la ventana y prepararse una cena con marisco—congelado, que es más barato—y un buen pollo relleno que ya lo venden preparado en el supermercado y solo hay que meterlo en el horno veinte minutos y añadirle la salsa de la bolsita que trae de regalo ¡Un día es un día, coño! Ya vendrá la cuesta de enero con las rebajas y tendremos tiempo de comer lentejas, spaghetti carbonara y tortilla española.

O los que están deseando que pase el dichoso día treinta y uno porque, no nos engañemos, es más un día de fricciones que de felicidad. Me explico: Si puedes permitirte un cotillón en un buen restaurante pues ¡Estupendo! Pero, si lo que te espera en una cena en familia, entonces la cosa cambia. Si tienes pareja, hay que sortear si con tus padres o los míos y ahí empieza el combate para ver quién puede más. Total que llegas a la cena con ganas de que acabe el año de una vez, des los besitos a toda la concurrencia después de las uvas, brindis de rigor con el consiguiente chorreón de sidra o cava por parte del comensal más cercano y todas las demás tradiciones. Y ahí no acaba lo peor, al llegar a casa la parienta encima te pide que cumplas porque hay que empezar bien el año y a ti después de la copiosa cena, los dulces, las uvas, el cava y los cubatas ya no se te levanta ni la voz.

En fin, no seamos pesimistas, que si no nos ha tocado la lotería de Navidad, todavía, nos puede caer algo en “El Niño” y así tendremos una baza más para poder conseguir los deseos que teníamos en mente mientras nos pegábamos el atracón de uvas mirando sin pestañear el reloj de la Puerta del Sol.


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 17:05:57 (122 Lecturas)
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 [325] UNA ULTIMA FELICITACION (Andresniporesas)

Relatos semanales
“Una felicitación más de fin de año”, me dije. Recogí el correo del buzón y lo amontoné sobre una silla pues carecía de un interés especial.

Cuando tuve un rato de relajación, debió de ser tres días más tarde, abrí la correspondencia. El sobre estaba escrito en letras mayúsculas, mi apellido contenía un error, una letra no era la correcta y a simple vista se había escrito con la mano izquierda.

Supuse que era de alguien a quien hacía tiempo que no veía. Es costumbre navideña recuperar afectos, yo lo hago. Cogí el abrecartas y rasgué la parte superior del sobre. Dentro, escritas en el papel, estas palabras: “Te felicito el año 2008 porque será la última felicitación de tu vida”.

Lo leí dos o tres veces. Intenté adivinar si era una broma, una inocentada, o una amenaza. Volví a leer la dirección: efectivamente iba dirigido a mí. No llevaba remitente, no había otros indicios.

Cogí el sobre y me presenté en Comisaría. El guardia me dijo si quería poner una denuncia. Le expliqué que... Bueno, no pude explicarle mucho porque antes de que comenzara ya me dijo que era perder el tiempo, que una amenaza tan poco consistente carecía de interés policial. “¿Y si toma las huellas dactilares del sobre y de la felicitación?”, repuse con humildad. El policía me respondió que en el mejor de los casos se podía encontrar una huella del obrero de la papelera, otra del vendedor, quizá de la estanquera, otra del que escribió la amenaza, alguna del cartero y varias mías. Es decir, que habría que poner a trabajar a toda la célula policial para, al final, no encontrar nada consistente.

Me fui a casa, claro; sé entender cuándo algo es imposible o improbable. Al llegar me senté en el butacón orejero en el que derramo mi cuerpo, unas veces soñoliento otras vivaz, y me entró una tristeza lejana, como un galope de caballos angustiados. Tenía los brazos torpes, la mirada perdida en algún punto de la pared, las piernas apoyadas en el taburete. En mi cabeza sonaban misas de réquiem con una salmodia insistente como el goteo de un grifo mal cerrado en una bodega.

Preparé bien la maleta y cogí lo que creí más útil. En el bolsillo izquierdo de la cazadora me puse la libreta de ahorros y las tarjetas. Me senté un una silla ante el ordenador y escribí un mail al dueño del piso comunicándole que a partir del mes siguiente dejaba el piso libre, que dispusiera de él. Se lo remití a su buzón. Bajé al garaje la maleta y las bolsas, cogí la llave del coche y desde unos veinte metros apreté el mando para abrir las puertas. El coche estalló causando un gran destrozo.

Salí a la calle, me sacudí el polvo y paré un taxi.

-¡Al aeropuerto de Sondica, por favor!

(Escrito en París, el 1 de enero de 2008)


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 17:03:50 (137 Lecturas)
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 [325] TODA UNA VIDA (Marivi_llosas)

Relatos semanales
Ojeaba sin interés el periódico mientras pensaba en como salir de allí sin que se notara. Recorrí con la mirada la estancia, casi desnuda y amueblada asépticamente, y pude comprobar a través de la ventana que era imposible salir del recinto sin pasar por la entrada principal. Cómo detestaba aquel momento. Sabía que era una formalidad, un trámite, incluso que era necesario, pero la idea de la pérdida que llenaba de inquietud. Además, el hecho de que fuese 31 de diciembre me pareció apocalíptico. Cuando escuché pronunciar mi nombre supe que ya no había vuelta atrás y quedé paralizada, sin que mi voz ni mi cuerpo fuesen capaces de responder.

-Mariví Llosas – insistió la voz de nuevo.

Fue entonces cuando me levanté impulsada por un resorte, sintiendo al caminar mis piernas rígidas, como si fuese un muñeco de madera. La mujer que me había llamado debió notar mi tensión pues, al seguirla mientras me mostraba el camino, su gesto de impasibilidad mudó a una leve sonrisa de conmiseración.

Aquel camino, un pasillo desangelado, me pareció eterno. Pensé en cuantos buenos momentos habíamos vivido juntos. Le había visto nacer de mí misma hacía ya más de cuarenta años y desde entonces estábamos unidos; recordé, como en una película, las golosinas que compraba en el kiosco junto al colegio, los sándwiches rápidos en el trabajo, en esos postres deliciosos y dulces que saboreamos juntos; en las palabras que esculpimos al unísono lanzándolas al mundo. De todo aquello, lo mejor fueron las sonrisas y los besos que compartimos. Habíamos pasado una vida juntos y todo aquello terminaría en unos minutos.

La mujer abrió una puerta gris de las muchas que flanqueaban aquel pasillo impoluto. Era una pequeña antesala, como un despachito, que presidía una mesa tan austera como todo lo que había en aquel lugar. Me extendió unos papeles que fui incapaz de leer pues estaba tan nerviosa que apenas podía mantenerlos en mi mano con firmeza. Los dejé sobre la mesa. La mujer me volvió a mirar con esa condescendencia fría y falta de calidez que adquieren los profesionales con el paso del tiempo.

-Vamos, Mariví. Ya sabes que es un proceso rápido.

Asentí con la cabeza no demasiado convencida.

-Deberías estar contenta porque solo es uno. Dentro de diez días te haremos el implante y quedarás como nueva. -continuó mientras preparaba el instrumental-. Es verdad que la extracción de un incisivo en estas fechas es un engorro, pero piensa lo guapa que estarás dentro de poco. Eso sí, esta noche tendrás que comer las uvas machacadas, pero no te apures. Guarda el justificante para entregarlo a la salida. Vamos, tranquila, Mariví y túmbate que el doctor está al llegar.


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 17:02:48 (143 Lecturas)
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 [325] EL ESCRITOR EN FIN DE AÑO (Angeliko)

Relatos semanales
Después de veinticinco años animándola, aguantando sus pataletas por los consecutivos fracasos, y mimando a diario el matrimonio para no echarlo a pique, Salvador recibió el premio más inesperado: el abandono. Durante ese tiempo jamás perdió la esperanza, siempre creyó que su esposa se daría cuenta (él no se atrevió a decírselo abiertamente) de que el origen de sus reveses estaba en que lo hacía mal, y que en un momento dado lo haría bien y triunfaría: «Es cuestión de que vayas puliendo el desánimo hasta convertirlo en ánimo. Mientras no te entregues en cuerpo y alma a la Literatura (se guardó de decirle lo de la ele mayúscula), no crearás una obra digna de ser publicada». Tanto insistió, que llegó el momento en que Magdalena consideró que con la mitad de lo que él le decía, sería suficiente. Lo fue: se entregó en cuerpo y no en alma al editor, y a los doce meses de adulterio secreto empezó a publicar. Eso sí, enmendados por la editorial sus muchos errores.

La imaginación de Salvador nutrió de argumentos la voracidad de la pluma de su esposa. Tanto fue así, que en el cuarto de siglo que vivieron juntos los agotó, acabó con todos los temas y quedó su talento a cero. Al mismo tiempo, Magdalena los desaprovechó con su instrumento de escritura empeñado en redactar y no en escribir con arte. Debido a ser tan desprendido, cuando superada la infidelidad pero tocado por ella, se acostumbró a llevar los cuernos, se le presentó un problema: la nube de la sequía velaba su inteligencia. Sin estar anulado por la personalidad de su esposa, y decidido a ser lo que siempre había querido ser, se encontró con que su pozo (de brocal en forma de C con las puntas hacia abajo) estaba seco, y el pozal recordando una U de dos puntos con el que sacar los argumentos, se hallaba en el fondo junto a la carrucha semejando una O de titular con cuerda de letras.

La solución para el nubarrón de su mente (las noches de fin de año las putas suelen estar por las nubes), la pagó Salvador a precio estratosférico. No le importó; de esa forma dejaba de tener importancia el que su cerebro estuviese nublado. Cuando llegó la prostituta a su casa se quitó el abrigo y, sin nada debajo, dando las campanadas en el reloj de la Puerta del Sol de Madrid, se tragó (seis y seis) las doce uvas por sus dos bocas sin dientes. Después de liberarse con dificultad del grano con el que se atragantó (el primero), ante los impensados espectáculo y espectavagina Salvador le dijo a la ramera: «No te andes por las ramas, que el asunto por el que te he contratado es demasiado importante».

No tuvo que explicarle su caso dos veces. La zorra (para la que no existían las uvas verdes), entendió enseguida el deseo de Salvador: «Lo que quieres es que te pormenorice la rareza de alguno de mis clientes más peculiares, para convertirla tú en novela. Eso está hecho; lo haré con la última con la que me he encontrado. Tienes que narrar la historia de un buen escritor anulado por su esposa (que sabiéndose buena, sin saberlo quiere ser mala escritora). Un escribidor que hasta que su mujer no acaba de exprimirlo totalmente de argumentos y lo abandona, no se pone a escribir su primera obra. Ah, no te olvides de que como los suyos los perdió la adúltera sin contrato, para encontrar un buen tema contrata el cornudo a una perdida». Un tanto ido, Salvador no vino a caer en que el tema propuesto por la mujer pública, era el que él estaba viviendo.

Algo loco debido al abandono de su esposa, sin haber ayuntamiento y después de pagar y despedir a la fulana, con la pluma preparada Salvador fue a por lana y salió trasquilado: «Todos los 31 de diciembre haré lo mismo; así tendré argumentos para escribir una novela cada 365 días. Pero… ¿serán suficientes? A mí me gusta escribir despacio, cuidar el lenguaje, el estilo, corregir, tachar, emborronar, rehacer,… No podré acabarla; seguro que no la acabaré a tiempo». Afortunadamente, el desasosiego no le duró mucho al escritor ante el folio en blanco y la mente casi. Enseguida se dio cuenta de que para su primera obra contaba con un plus. El año en el que acababa de entrar era bisiesto.


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 17:01:18 (127 Lecturas)
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 [325] DE ACUERDO, CARLA, ES EL PRESIDENTE DE FRANCIA (Flicker)

Relatos semanales
Tiembla Bukowski-2

De acuerdo, Carla, es el presidente de Francia, pero si lo miras bien, ¿qué tiene él que yo no tenga-?

-¿vaqueros?-yo también tengo un montón de vaqueros, aunque no los lleve con su mismo porte ya me imagino que llevar ocho o diez guardaespaldas detrás  cubriéndote la espalda y el glorioso lugar en donde esta termina ,puede otorgarte una dosis extra de merecida y justificada chulería, no le culpo, yo también si tuviera tal protección y sobre todo tu atención, señorita, es posible que caminase  tan seguro y tan apuesto.

Apuesto a que ahora piensas que me cae mal y te equivocas de medio a medio, considero que es un tipo con las ideas  bastante claras , sobre todo sobre- valga de nuevo la poco literaria repetición-  sobre, una vez más, con quien conviene estar y a quien es honrado, responsable y obligatorio tener siempre enfrente.Fíjate fíjate que desde este país donde ahora todo es ambiguo, este país que antes limitaba con Francia al norte pero que al paso que va y si norte significa progreso va a acabar un día limitando al norte con todo su hemisferio, este país en donde antes de decir una verdad hay, sobre todo, que mirar a quien molesta, en donde se le dan tantas vueltas a todo que ya no queda ni una idea clara y bastantes pocas personas valientes, en este país,digo, se agradece ver que alguien llama a las cosas por su nombre aunque sea en ese idioma tan fino en el que la mitad de las letras ni se pronuncian, y da gusto ver que él  tiene bien definida su manera de pensar y sus gustos sobre todo en cuanto a las mujeres que interesa agarrar por el talle. Acabo de enterarme que compartís camisa, de acuerdo Carla,supongo que mola como ahora se dice ,compartir camisa con el presidente de Francia.

¿Pero qué tiene él que no tengamos el resto, los que caminamos bajo las farolas o esperamos en el semáforo, los que, pese al acoso de los bien pensantes, los correctipoliticos , los procanons y los profetas,  también, como él, hemos conseguido permanecer clandestina y sigilosamente heterosexuales, los héroes anónimos del asfalto que pese a ello amamos la belleza ¿ No piensas ; Carla en nosotros? ¿Qué pasa, quelqun ta dit  que somos menos porque no tenemos guardaespaldas , que no hemos hecho la revolución francesa? Cada día,metro a metro, la vamos haciendo, la nuestra, personal e incomprensible y cada fin de año, como ahora, hacemos nuestro pequeño balance , que no es un presupuesto de estado,pero a nuestra manera somos cada uno un estado con zapatos, del cual y de los cuales salimos siempre los más votados ,los presidentes. Sí,los presidentes, que tanto te gustan.

¿Cómo que a qué viene esto, Carla? ¡Cómo puedes, siquiera preguntármelo? Ya te digo,me cae fantástico, envidio su suerte, pero ahora no estamos hablando de él, ahora estamos hablando de lo que más me molesta.¿Sabes lo que más me molesta? Que por una pequeña discusión que tuvimos,tú y yo, tú, que te lo tomas todo a lo grande,no tardaste ni tres días en restregarme que estás con otro por la zona de las Pirámides. ¡Por la esfinge de Gizeh, si te juro que lo mío con  Kim no era nada, no tenía futuro, no le daba yo más allá de siete semanas y media.!

Pero claro, tú tuviste que tomarlo a la tremenda. Y no era para tanto, no era para liarse de ese modo con un alto mandatario, de los del G7. Vaya por delante que le admiro, vaya au devant que os deseo un gran y feliz fin de año,no soy rencoroso,pero esta te la guardo, vaya si te la guardo...Si te crees que me voy a estar quieto....¿quieres jugar fuerte, no muñeca? ¿G7?  Pues una cosa te digo...ni se te ocurra celebrar la nochevieja  con él en el restaurante giratorio de la Turifel ( que digo yo...¿ se caerá la sopa de los platos cuando  gire? ) Bueno, que ni se te ocurra ir, porque Hillary me  ha aceptado  pasar el fin de año allí ,una cena aprovechando que Bill tiene  conferencia privada en el Oval Bureau de su casa-  anda, que hacerse una imitación del despacho oval en casa tiene su miga- con motivo de una convención de cheer leaders. ¿Qué? Que ella no es G7? ¿Y dudas de que lo acabará siendo?Aquí vamos a gesietear todos,pequeña. Si vas y me ves, por lo menos no me saludes, haz como si no nos vieras. Le comenté  a Hill, por cierto que a lo mejor ibas por allí con el frenchpresident y no te vas a creer su respuesta.Abro comillas “Y a mí qué.¿Qué tiene él que tú no tengas?”


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 16:59:02 (150 Lecturas)
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 [324] PUNTO SIN RETORNO (Marivi_llosas)

Relatos semanales
Aquel hombre apareció cuando recogía mi puesto de trabajo. Canoso, de aspecto respetable, bien enfundado en un abrigo de paño azul marino. Preguntó por mí, farfullando mi nombre, y le atendí contrariado. ¿Por qué no le mentí y le dije que la persona por la que preguntaba se había ido hace rato?
Se sentó ante mí con decisión y su mirada me inquietó. Mientras se acomodaba en la  vieja silla frente a mi mesa, me preguntó por un viejo caso, archivado y prescrito, de una adolescente desaparecida hacía ya treinta años.  Encontramos a la chica muerta, con signos evidentes de haber sido enterrada viva, junto a un papel manuscrito entre sus manos. Siempre ocultamos ese punto a la prensa por cautela. No pude evitar una carcajada sarcástica cuando confesó que él mismo había cometido tal crueldad y que aquella misma noche, un 25 de diciembre de 2007, había raptado a otra chica y la había enterrado viva. Lo único que quería era entregarse y arrepentirse.
Recordé como en aquel caso yo aun era un policía raso, sin experiencia,  que iba en las cuadrillas de rastreo en busca de cualquier pista de aquella chica. En ese día de Navidad de 1977 que supimos que Mariví fue encontrada maniatada sin ningún signo de violencia ni de vejación, odiamos más que nunca al asesino pues nunca pudimos deducir como logró que una persona pudiese por voluntad propia aceptar su propia condena a muerte.
Al punto, viendo mi incredulidad, el hombre me dijo que siempre se sintió muy indignado que jamás se supiesen las últimas palabras de Mariví, aquellas que escritas de su puño y letra afrontaba su repentino destino al verse frente a un verdugo que sin piedad tan solo le concedería el deseo de escribir sus últimos sentimientos. Mariví quería ser médico y por ello dejó bien claro que todos sus órganos fuesen donados,  por lo que instó en sus últimas palabras a su verdugo que revelase de alguna manera como encontrar su cuerpo lo antes posible para que pudiera salvar vidas.
Fue entonces cuando le creí y intuí que aquel hombre de mirada fría no era más que un siniestro romántico, un patético fracasado que deseaba tener notoriedad al precio que fuera. Cuando le pregunté por la nueva víctima, me contestó con calma que se había dirigido personalmente a mí por ser el último y expreso deseo de la misma. Continuó sosegado describiéndome con todo lujo de detalles el móvil que le había regalado en Nochebuena a mi propia hija.

Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:07:06 (135 Lecturas)
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 [324] ANGORA Y PERLE (Vichoff)

Relatos semanales
Cuando tiró del hilo del perlé notó una pequeña resistencia, miró y vio que el ovillo de angora se había enrollado en él. Levantó las agujas, deshizo la pequeña maraña y siguió contando: cuatro puntos del derecho, echar la hebra, un punto sin hacer, dos puntos juntos, pasar el punto sin hacer sobre el punto doble, echar la hebra, cuatro puntos del derecho…
Era una suerte tener aquel balcón orientado al oeste, ver el atardecer desde aquel sillón. Había apartado las cortinas para no perderse ni un minuto de la puesta de sol, la silueta de los cerros en el horizonte, el mar de nubes anaranjadas… Contaba, tejía, levantaba la vista, volvía a la labor.
A las cinco vueltas pasó a la angora y tejió cuatro pasadas de punto bobo: todo del derecho. A los quince dibujos menguó cinco puntos y montó cincuenta para empezar la manga: cuatro vueltas de angora, diez vueltas de dibujo, repetir cinco veces, cerrar los cincuenta puntos, continuar con el segundo delantero.
En poco tiempo tendía que encender la lámpara. Es lo malo del otoño, que anoche enseguida y las tardes se van sin sentir. Luego son muchas horas de oscuridad, muchas horas en las que ya no apetece hacer nada porque parece que en cualquier momento es hora de irse a la cama.
Ya tenía el jersecitos de todos los colores: perlé azul con angora blanca, perlé blanco con angora blanca (ese le había quedado precioso, una labor digna de estar en el escaparate de “La cigüeña de París”), lana beige con puntilla de Velenciennes (para cuando empezara a refrescar), lana blanca con angora azul… Y ahora éste: perlé color marfil y angora blanca.
En la segunda ecografía les confirmaron que era niño. Antonio tenía muchas ganas de un varón y se alegró por él. A ella le daba lo mismo, lo importante era que todo fuera bien, que naciera sano. 
Aumentar cinco puntos y seguir con cuatro vueltas de angora, cuatro dibujos completos y cuatro vueltas de punto bobo con el perlé. Menguar dos puntos para hacer los ojales, aumentarlos en la vuelta siguiente y trabajar cinco pasadas más.
Que naciera sano… Parecía sencillo, la mayoría de los embarazos transcurren sin problemas y terminan con un parto normal y un niño en brazos de su madre. Pero, sin que nadie hubiera podido darle una razón, el suyo pertenecía al porcentaje mínimo de los embarazos que se complican, que no llegan a término.
Hacer una cadeneta a lo largo del borde y, sobre ella, sacar ciento ochenta puntos para el canesú. Trabajar cuatro pasadas de angora a punto bobo menguando cinco puntos en cada vuelta. Quedan ciento sesenta puntos.
El sol estaba a punto de hundirse definitivamente en el horizonte, el cielo era una sinfonía en azul y naranja. Antonio estaba a punto de llegar. Él se lo había tomado con más calma, le decía lo mismo que el ginecólogo: que no habría problemas en sucesivos embarazos, que tendrían más hijos.
“Pero era mi niño…”, pensó.
Y siguió tejiendo como si todavía lo llevara en su vientre.

Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:06:22 (182 Lecturas)
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 [324] PUNTOS (Cap-Alatriste)

Relatos semanales
Punto y seguido
Ella imploró otra oportunidad, lo hizo entre llantos y suspiros, con voces roncas que ahogan palabras mil veces dichas e ingenuos arrepentimientos sobre la pálida piel. Entre promesas de cambio y esperanzas de futuro, le suplicó agarrándose a las certezas del pasado, a lo que fue verdad un día y tal vez ya no fuera nunca más. Apretó el tal vez, evocando los días de sol con lluvia donde todo era azul. Le recordó los puentes sobre el río, uno por uno, y la escarcha del coche en las mañanas, y los guantes perdidos, y el desorden de su orden. Él no tenía nada ni nadie en quien creer y el tiempo que vendría le pareció un abismo demasiado insoportable, así que transigió, y acordándose de aquel soneto de Sabina, decidió que al punto final de todos los finales le siguieran unos puntos suspensivos.
Puntos suspensivos
Lo que viene detrás de unos puntos suspensivos es algo absolutamente impredecible. Las ortografía dicta que tras ellos se ha de vislumbrar el temor o la duda, o lo inesperado y extraño de lo que vendrá después. Pero los puntos suspensivos también son puertas abiertas a otra historia con los mismos personajes, o distintos. Ella y él. La misma historia en todos los rincones del planeta. Las infinitas ramificaciones de una trama que siempre ha de tener el mismo patético final. Todo es cuestión de apreciación, de la prolongación de los puntos suspensivos, de la repetición de los mismos, de la capacidad de malabarismo. La misma historia contada de mil formas distintas. Las mil historias que son siempre la misma. Con la única diferencia del tiempo que marcan unos puntos suspensivos.
Punto y final
Al final llegó el final. Aquel punto final que una vez decidieron prolongar. Escribir en la misma línea, ni siquiera hacer un punto y aparte, ohhh, que ilusos. No, aquel travestismo artificial y forzado del  punto final que terminó por regresar en la venganza de todas las venganzas. El mismo final de todas las historias. Ella y él. La conclusión que es también comienzo. Las cuartillas pulcramente emborronadas que no dejan sitio sino para el punto y final que siempre llega tras los puntos suspensivos.
Y la hoja en blanco que aparece, donde todo comienza de nuevo.

Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:05:33 (137 Lecturas)
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 [324] G POINT (Flicker)

Relatos semanales
Dijiste-cuando coges mi mano es
Como si entraras en mi- yo dije-ojalá-
Yo, cuando cojo tu mano solo siento que cojo una mano:;
coger ya es otra cosa, por lo menos en Argentina-
Reiste y empezamos a hablar de Buenos Aires
-querido, lo de coger ya son palabras mayores-
-de acuerdo, coger es cosa de mayores
pero que yo sepa ya no estamos jugando con espadas ni muñecas-
Entonces , por qué no bajas tu espada?- dijiste-
Y yo de nuevo ojalá-ojalá que pudiera-
Mi espada, por si no .lo sabes tiene voluntad propia
Aunque no es  Excalibur, podrías sacarla si quisieras-
Reiste de nuevo y empezamos a hablar de Merlín
La vieja leyenda de Ricardo y sus caballeros en la mesa camilla
-sólo si tuvieras un Corazón de León lo lograrías-
-pues lo siento, no de León, ni siquiera soy de Valladolid
aunque allí conozco gente-
-Pues aprovechando que el  Pisuerga no pasa por Betanzos
Invítame a unas fabes con sidriña-Lo hice
Te llevé a una sidrería que encontramos en un bajo
Donde servían un menú excelentemente barato. Y abundante
Más tarde, en casa,  intenté escanciar con botellas diversas
Desde whisky a coñac pasando por pacharán y licor de moras
aparte de cubrirme con un enternecedor ridículo
sólo conseguí una capa de medio centímetro de espontáneo cóctel
corriendo por encima del roído parqué de mi apartamento.
Compadezco a la que tenga que limpiar esto- apuntaste-
-         la que tenga que limpiar esto tal vez también se ocupe de otras cosas-
-                    dije, mirando de soslayo a mi espada aún hambrienta no de sangre
precisamente-  Eso lo daba por supuesto es por eso que, de todo corazón dije
compadecerla-
Reí, por no abrirte la cabeza con un pisapapeles
La suerte que tienes es que aún , pese a la edad, controlo mis impulsos
más primarios.Goteaba la luna su  leche en las ventanas
Con la  ritmica precisión de un gotero pinchado en el brazo de la enferma Tierra.
Y dijiste que te ibas, seguramente a quedar con algún imbécil
que ni sabe endecasílabos y piensa que Proust es futbolista
Pero que , el muy cabrón conoce donde está tu punto G
Tan bien como el botón de la luneta térmica de su Mercedes.

 Yo me quedé solo y reflexionando sobre la injusticia
Pero pronto me sobrepuse. Es lo que tenemos los poetas,
que nos pase lo que nos pase  y nos den por donde nos den
siempre, cuando llega la noche, nuestra principal y única y verdadera amante,
sabemos estar a la altura y enfrentarla como ella se merece:
Con la frente alta- valga la redundancia- el corazón alegre y la espada
-perdón, la pluma- en la mano.

Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:04:41 (125 Lecturas)
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 [324] PUNTO (Secretarias51)

Relatos semanales
Punto. Palabra con tanto contenido.

Punto seguido, cambio de tono en la conversación, se deja una puerta abierta, hay esperaza. Punto final, fin de la conversación, fin de  la discusión, afirmación de autoritarios o prepotentes.

Puntos en tierra, lejanía, personas, animales o cosas (cabe todo), referencias.

Puntos en aire, pájaros, aviones, objeto volador no identificado.

Puntos en el mar, mil tipos de barcos.

Puntos en la pared.

Puntos de colores, negros: en carreteras. En la cara, en el cuerpo.

Punto en boca

Puntos en crochet, ganchillo, de cruz.

Puntos en las medias.

Puntos de sutura, de dolor.

Puntos para obtener premios.

Puntos para que te lo quiten por mal conductor.

Puntos suspensivos… intriga, provocación de dudas o dudosa. Dos puntos, afirmación contundente, aclaración, enumeración, provocación….

Seguro que me dejo puntos, supongo que por eso se deja abierto a más puntos de vista


Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:03:11 (133 Lecturas)
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 [324] EL HOMBRE PUNTO (Taotico)

Relatos semanales
Lo que a continuación os voy a relatar es el caso mas curioso de paranoia que en mi dilatada carrera de psiquiatría he podido observar.
El individuo en cuestión que la sufría llegó a mi con un cuadro clínico de neurosis represiva que podría haber sido originada por un trauma infantil. La búsqueda de la  génesis de este trauma seria la linea a seguir recomendada por colegas que lo habían tratado.
Era lógico pensar en ello: el individuo, llamemosle en lo sucesivo V; al entrar en cualquier sala, habitación, recinto cerrado en general; buscaba la esquina izquierda inferior; una vez ubicado en ella, tomaba una posición fetal. El autismo de V era completo con el mundo exterior. Así lo creía hasta que un día; intentando interactuar con el: le pregunté por su edad. No recibí ninguna respuesta; Volví a preguntárselo y esta vez le di dos opciones 25, 26; mas o menos esa era la edad que aparentaba y le di esas dos opciones a ver si se animaba a contestar. Lo sorprendente fue que al terminar de decir el par de números. V se levantó y se situó de pie junto a mi mesa. Creí ver una relación entre los números y su reacción y volví a decir otro par de números. Así le dije los dos siguientes 27, 28. V avanzó un pie en diagonal respecto donde estaba situado. La idea que mi mente magullaba era increíble; pero por increíble que pareciera se veía ratificada a cada par de números que pronunciaba. Al final ya no tuve duda alguna,   V creiase un "vector de posición". Para los no entendidos en matemáticas imaginense los ejes cartesianos. V al entrar en cualquier recinto cerrado tomaba la pared lateral izquierda como el eje Y y la horizontal como el eje X; cuadriculaba así toda la habitacion y tomaba como unidad de medida su pie. Al tomar la esquina izquierda inferior V situabase en el punto (0,0) en el origen de coordenadas lo que por analogía lo relacione con su posición fetal.
Mis hallazgo sobre la paranoia de V eran espeluznantes. Llegué a pensar y aun hoy lo creo que  se había transformado realmente en un vector de posición. Ningun ser humano podría realizar cálculos semejantes; y es que no solo reaccionaba a pares de números si no a !funciones con dos incognitas!. Habilitamos una sala para experimentar con él sin ningún obstáculo de por medio y cuadriculamos dicha sala con las medidas de su pie. Asi probamos con la ecuacion de la circunferencia x^2 + y^2 +x +y= 0; encontró la solución en apenas milésimas de segundo, se  puso a dar vueltas en circulo pasando por todos los puntos de dicha circunferencia.
Hubo un experimento que hoy día tiemblo al ver los resultados. Bajo el asesoramiento de un matemático intentamos ver como reaccionaba a un numero complejo. Es decir todo el mundo sabe que la raíz cuadrada de 4 es 2; pero y la raíz cuadrada de -4. El numero complejo es el número asignado a la raíz de un numero negativo. La raíz cuadrada de -4 no es ni 2 ni -2. La solución matemática es 2i( un numero imaginario que existe pero que nadie sabe donde ubicarlo. Ya el gran leibniz, inventor del calculo diferencial atribuyo una cualidad mística a la raíz cuadrada de -1, viéndola como una manifestación del "espíritu divino" y llamándola "anfibio entre el ser y no ser" ). ¿Como reaccionaria V ante un numero complejo?.
 Como siempre al entrar en el recinto tomo su posición fetal en la esquina inferior izquierda. Mediante un megáfono pronunciemos el par de coordenadas ( raíz cuadrada de menos 4, raíz cuadrada de menos 9) .En ese preciso instante y ante nuestra atónita mirada  V se vaporizo como por arte de magia; desaparece de aquel recinto.
Desde entonces y hasta el día de hoy no he tenido noticias del ser mas extraordinario que mis ojos hayan visto, lo mismo se encuentra en alguna habitación desperdigada de este planeta, si usted mi querido lector se lo encuentra, le ruego lo comunique. Además de encontrar un ser excepcional ubicariamos las coordenadas complejas raíz de menos 4, raíz de menos 9.

Enviado por INCON el Friday, 04 January a las 13:02:08 (150 Lecturas)
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Friday, 04 January
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